martes, 14 de abril de 2009

Salud Fuentelzas de Rivas. "RECUERDOS"



¡Qué joven murió mi madre!
dejando tres niños pequeñitos
al amparo de un buen padre,
muy cariñoso y sufrido.

Sufría al vernos llorar,
compraba tantos juguetes
para hacernos olvidar
a quien se llevó la muerte.

Un hermoso caballito
¡con crines de verdad !
para mi pobre hermanito
que no cesaba de llorar.

Para mí y para mi hermana
vestiditos y sombreros,
muñecas finas alemanas,
para darnos un consuelo.

Cuando nos adormecía
nos hacía siempre soñar
que muy pronto hasta Sevilla
nos habría de llevar.

Ahí en la casa paterna
nos daba su protección,
pensamos sería eterna
¡que poco tiempo duró!

Cinco años de mi madre
mi padre también murió,
sufrió un mal tan grande,
enfermó del corazón¡

Sufría ese mal cuando vino
a esta tierra a inmigrar,
y así se cumplió el destino
junto a mi madre quedar.

¡Cómo la ilusión engaña¡
se quedó en Yucatán,
jamás regresó a España
su hermosa tierra natal.

En la iglesia de San Sebastián
allí sus restos reposan,
entre misa y santidad
¡junto a su joven esposa!

Salud Fuentelzas de Rivas.
Noviembre 1954.

Salud Fuentelzas de Rivas. "Solo Tu Señor"



Solo tú Dios, mi Señor,
logras con tu gran poder
remediar toda aflicción,
solo tú que puedes ver
las penas de un corazón.

Solo tú que eres bondad
que eres amor y ternura
y conoces la verdad
la tristeza y la amargura
que hacen a un corazón sangrar!

Solo tú Rey de los cielos
conoces la larga historia
de mis penas y desvelos
y has grabado en mi memoria
la vida con sus recuerdos.

Solo tú que has escuchado
las ansias de mi corazón,
mis hijos te he encomendado,
¡ alcanzen tu Bendición ¡
¡oh mi Jesús tan amado!


SALUD FUENTELZAS VDA DE RIVAS.
1974

Salud Fuentelzas de Rivas. Amor de un día



Amor que nació en un día
y que en un día murió,
fue una efímera alegría
que destrozó el corazón.

Amor que vive aún en mí
y muerto en tu alma está,
ya para siempre perdí
la dicha de amarte más.

Dulce dueño de mi amor
¿porqué te alejas de mí?
es tuyo mi corazón
y sin tí no soy feliz.

Vuelve de nuevo a mi lado,
y mi vida te ofrendaré,
eres tú el hombre amado
¡ que jamás olvidaré ¡


SALUD FUENTELZAS VDA DE RIVAS
1924

Salud Fuentelzas de Rivas. No me olvides



No me olvides mi bien porque te adoro,
no me olvides mi bien porque te amo,
mi cariño es mas grande que un tesoro
y a cambio de este amor, amor reclamo.

Si a pesar de lo mucho que te quiero
calificas mi amor de amor fingido,
olvida Corazón que por tí muero
y entrega mi pasión al negro olvido.

Amarte con pasión,¡ con ansia loca!
y vivir para tu amor, ése es mi encanto,
ya que ciegos unimos boca a boca
¿porqué me niegas tu cariño ingrato?

¿Cómo arrancar del pensamiento mío
una ilusión que es alma de mi alma?
si es que en tu alma ya anidó el hastío
¿porqué me robas sin piedad la calma?

¡No me olvides mi bien yo te lo ruego!
¡ no me olvides mi amor yo te lo pido!
guardaré para siempre tu recuerdo
¡y la dicha de haberte conocido¡

Salud Fuentelzas de Rivas

una flor...

Una flor.....

Una flor es siempre , amor que se entrega,

es una sonrisa y es una mirada,

sabe ser suspiro y sabe ser beso,

sabe ser gozo, pasión y nostalgia.

y…. del escondido corazón de un hombre

Sabe decir, ¡mucho más que una palabra ¡


Antonio Mediz Bolio. A una Reina

Con Vuestra Venia Real, Dulce Señora
y portando en el pecho las divisas
entro al alcazar lleno de sonrisas
donde el hechizo de tu Gracia mora.

Puesto a sus pies mi corazón implora
besar el polvo que con flores pisas,
eres fresca y gentil como las brisas¡
eres blanca y triunfal como la aurora¡

Reina de todo hechizo , !bienvenida¡
Reina de todo encanto, !bienhallada¡
dentro de mi Laud traigo mi vida
!como una mariposa aprisionada¡
y en una rosa de ilusión prendida,
!te la ofrezco en la punta de mi espada¡

Antonio Medíz Bolio-
Mérida.

jueves, 2 de abril de 2009

El seminarista de los ojos negros. Miguel Ramos Carrion


Desde la ventana de un casucho viejo

Abierta en verano, cerrada en invierno

Por vidrios verdosos y plomos espesos,

Una salmantina de rubio cabello

Y ojos que parecen pedazos de cielo;

Mientras la costura mezcla con el rezo,

Ve todas las tardes pasar en silencio

Los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,

Marchan en dos filas pausados y austeros

Sin mas nota alegre sobre el traje negro

Que la beca roja que ciñe su cuello

Que por la espalda casi rosa al suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,

marcha siempre erguido, con aire resuelto.

la negra sotana dibuja su cuerpo

gallardo y airoso, flexible y esbelto.

El solo, a hurtadillas, y con el recelo

de que sus miradas observen los clérigos,

desde que en la calle vislumbra a lo lejos

a la salmantina de rubio cabello,

la mira muy fijo con mirar intenso;

Y siempre que pasa le deja el recuerdo

de aquella mirada de sus ojos negros.

Monótono y tardo va pasando el tiempo

y muere el estío, y el otoño luego,

y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo

siempre sola y triste, rezando y cociendo

la tal salmantina de rubio cabello

vé todas las tardes pasar en silencio

los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos, ve solo a uno de ellos:

!su seminarista de los ojos negros!

Cada vez que pasa gallardo y esbelto,

observa la niña que pide aquel cuerpo

en ves de sotana, marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos

con vivas y audaces miradas de fuego,

parece decirla: "¡Te quiero, te quiero!

¡Ya no he de ser cura, ya no puedo serlo!

¡si yo no soy tuyo me muero, me muero!"

A la niña entonces se le oprime el pecho,

la labor suspende, olvida los rezos

y ya vive solo en su pensamiento

!El seminarista de los ojos negros!

En una mañana lluviosa de invierno

la niña que alegre saltaba del lecho,

oyó tristes cantos y fúnebres rezos:

por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era muerto,

pues cuatro llevaban en hombros el féretro,

con la beca roja por cima cubierto

y sobre la beca el bonete negro.

Con sus voces roncas cantaban los clérigos;

Los seminaristas iban en silencio,

siempre en dos filas hacia el cementerio

como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo,

los conoce a todos a fuerza de verlos;

tan solo, tan solo faltaba entre ellos

El seminarista de los ojos negros.

Corrieron los años, pasó mucho tiempo...

y allá en la ventana del casucho viejo

una pobre anciana de blancos cabellos,

mientras la costura mezcla con el rezo,

ve todas las tardes pasar en silencio

!Los seminaristas que van de paseo!

La labor suspende, los mira... y al verlos

Sus ojos azules ya tristes y muertos

Vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo

Del seminaristas de los ojos negros.

_Miguel Ramos Carrión