domingo, 21 de marzo de 2010

Poema Pue´que Me Rajara. Carlos Rivas Larrauri

¿Que vaya yo a verla?... ¡Ni manque esté loco¡
¡Antes qu´ir a verla, primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m´importa qu´esté güena o mala;
yo no tenga culpa de lo que le pasa.
Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d´esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero, ya d´ella saber ni palabra.

Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre,
¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata...!
¿Pa´quén trabajando me pasaba el día?... ¿Pa´quén era todo lo que yo ganaba?..
¿Pa´quién mi cariño?... ¿Pa´quén mi costancia?..
Y aluego... ¿pa´qué? Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga...
Dendi antes, mucho antes qu´ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala;
yo vide clarito qu´estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.. Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada,
s´echó pa la calle... se tiró a la vida... y jue una de tantas...

Y ora qui han pasado dos años de qui anda
rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha;
ora qu´está probe; ora qu´está mala;
ora que no tiene quen si ocupe d´ella,
ni quén se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba,
ora es cuando qu~e que yo la perdone
y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas¡

¡Antes qu´ir a verla primero me matan!

Pero, oye, manito.. . aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya.
Llévaselos todos... llévaselos luego.
No vaya a ser cosa de que li hagan falta...
Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra...
No quero que sepa que mi ocupo d´ella,
No quero que sepa ni quén se los manda,
porque, si si alivia, pue ser qui algún día,
la muy atascada, si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias, y si viene a verme y en sus ojos prietos
-más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima,
pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma;
pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu´ella resollaba;
pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede... si ansina ricuerdo...
si miro en sus ojos siquera una lágrima...
antonces, mi cuate... ¿pa qué he d´engañarte?
Manque soy muy hombre... ¡pue que me rajara!

Poema Porque Me Quité Del Vicio de Carlos Rivas Larrauri

No es por hacerles desaigre…
Es que ya no soy del vicio…
Astedes mi lo perdonen,
pero es qui hace más de cinco
años que no tomo copas,
onqui ande con los amigos…
¿Qué si no me cuadra?…¡Harto!
Pa que he di hacerme el santito:
he sido reteborracho;
¡como pocos lo haigan sido!
¡Perora si ya no tomo,
manque me lleven los pingos!
Dendi antes que me casara
encomencé con el vicio;
y, aluego, ya de casado
también le tupí macizo…
¡Probecita de mi vieja!
¡Tan güena siempre conmigo…!
¡Por más que l´hice sufrir
nunca me perdió el cariño!

Era una santa la probe,
y yo con ella un endino;
nomás porque no sufriera
llegué a quitarme del vicio,
pero, poco duró el gusto,
la de malas se nos vino
y una nochi redepente,
quedó com´un pajarito.
Dicen que juel corazón…
Yo no sé lo que haiga sido;
pero sento en la concencia
que jue mi vicio cochino
el quizo que nos dejara
solitos a mí y a m´hijo,
¡un chilpayate di ocho años
que quedaba güerfanito
a ledá en qui hace más falta
la madre con su cariño!

Me sentí disesperado
de verme solo con mhijo…
¡Probecita criaturita!
Mal cuidado…mal vestido
sempre solo…¡Ricordando
al ángel que´bia perdido!

Entonces pa´no pensar
golvi a darle recio al vicio,
porque poniéndome chuco,
me jallaba más tranquilo,
y cuando yastaba briago
y casi jueras de juicio,
parece que mi dijunta
taba allí, ¡junto conmigo!

Al salir de mi trabajo
m´iba yo con los amigos,
y, aluego, ya a medios chiles,
mercaba yo harto refino
y regresaba a mi casa
onde mi aguardaba m´hijo;
y allí, ¡duro!, trago y trago,
hasta ponerme bien pítimo…

¡Y aistaba la tarugada!
Ya endinantes les he dicho
lueguito vía a mi vieja
que llegaba a hablar conmigo
y encomenzaba a decirme
cosas de mucho cariño,
y yo, a contestar con ella,
como si fuera dialtiro
cierto lo questaba viendo,
en tan mientras que mhijo
si abrazaba a mi asustado
diciéndome el probe niño:

«¿Onde está mi mamacita?
Dime on tá, papacito…
¿Es verdad que testá hablando?
¿Cómo yo no la deviso…?»
«Pos qué no la ve, tarugo,
¡vaye que li haga cariños!»
¡Y el probecito lloraba
y pelaba sus ojitos
buscando ritiasustado
a aquella a quen tanto quiso…!

Una noche, al regresar
destarle dando al oficio,
llego y, al abrir la puerta,
¡ay Jesús, lo que deviso!
Hecho bola sobre el suelo,
taba tirado mi niño,
risa y risa comun loco,
y pegando chicos gritos…

«¿Qué te pasa?…¿Qué sucede…?
¿Ti has güelo loco dialtiro…?»
Pero intonces, en la mesa,
videl frasco del refino,
que yo bia dejado lleno,
enteramente vacío.

Luego luego me di cuenta
y me puse retemuino:
«¿Qui has hecho, escuincle malvado»
¡Ya bebites el refino…!
«¡Paqui aprendas a ser güeno,
voy a romperte l´hocico…!»

Y luego con harto susto
que l´hizo golver al juicio,
y con una voz di angustia
que no he di olvidar, me dijo:

«¡No me pegues…no me pegues…!
No soy malo, papacito.
¡Jue pa ver a mi mamita
como cuando habla contigo!
¡Jue pa quella me besara
y mhiciera hartos cariños!»

Dendentonces ya no tomo
onqui ande con los amigos…
No es por hacerles desaigre,
pero ya no soy del vicio…
Y cuando quiero rajarme
porque siento el gusanito,
de tomarme alguna copa,
nomás mi acuerdo de mhijo
y entonces si ya no tomo
¡manque me lleven los pingos…!

El romance de la niña negra. Luis Cané

Luis Cané, escritor argentino nacido en Mercedes el 1 de marzo de 1897 y fallecido el 1 de marzo de 1957.

Destacó como poeta, aunque también escribió prosa (Marido para mi hermanita y El amor de las muchachas) y teatro (Vanidad, La mujer que yo he soñado, y Un agujero para mirar el cielo, las tres estrenadas en el Teatro del Pueblo).

Debutó con, Mal estudiante en 1925, donde desarrolla ya su estilo travieso, despreocupado, juvenil, adolescente. Con Romancero del Río de la Plata (1936), Cancionero de Buenos Aires (1937), y Nuevos romances y cantares de la colonia (1938), elabora una entrañable oda a Buenos Aires.

Su poesía estuvo influida por el Siglo de oro español, sobre todo por Quevedo, Góngora y Lope de Vega

Toda vestida de blanco,

almidonada y compuesta,

en la puerta de su casa

estaba la niña negra.

Un erguido moño blanco

decoraba su cabeza;

collares de cuentas rojas

al cuello le daban vueltas.


Las otras niñas del barrio

juegan en la vereda;

las otras niñas del barrio

no quieren jugar con ella.


Toda vestida de blanco,

almidonada y compuesta,

en un silencio sin lágrimas,

lloraba la niña negra....


Toda vestida de blanco,

almidonada y compuesta,

en un féretro de pino

reposa la niña negra.

A la presencia de Dios

un ángel blanco la lleva;

la niña negra no sabe

si ha de estar triste o contenta.


Dios la mira dulcemente,

le acaricia la cabeza

y hermosas alas blancas

a sus espaldas sujeta.

Los dientes de mazmorra

brillan en la niña negra.

Dios llama a los ángeles

y dice: ¡Jugad con ella!.

Poema Ebriedad De Dios. Luis Armenta Malpica


Luis Armenta Malpica.Escritor mexicano.Nació en la ciudad de México en 1961 pero radica en Guadalajara, Jalisco desde 1975. Ha ganado diversos reconocimientos nacionales e internacionales en poesía, cuento y novela Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Poesía de Nayarit (1994) y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura (1996). Director de Mantis editores. Ganador de casi cuarenta reconocimientos nacionales e internacionales en poesía, cuento y novela, entre los que destacan los premios “Clemencia Isaura”, “Efraín Huerta”, “Ramón López Velarde”, “Alí Chumacero”, “Benemérito de América”, “Amado Nervo” e iberoamericano de poesía “Continentes”. Expremio de poesía Aguascalientes, en 1996. Autor de 12 poemarios publicados: Voluntad de la luz, Cantara, Terramar, Des(as)cendencia, Vino de mujer, Nombradía _desde el hielo anterior, Ebriedad de Dios, Luz de los otros, Ciertos milagros laicos, La pureza inaugural, Mundo Nuevo, mar siguiente y Sangrial. Traductor de Éric Roberge, Dominique Lauzon, Élise Turcotte, Jean-Marc Desgent y André Roy. Su trabajo narrativo, poético y de ensayo aparece en diversas antologías (en inglés, francés, italiano, ruso y español) de México, EU, Italia, Rusia, Argentina y Chile.



Poema Ebriedad de Dios (3)

Jamás voy sola a misa;
me llevo los pecados de mi esposo
y su esposa, uno o dos
de mis hijas, alguno de mi hermano
todos los de mi madre…
hasta llenar el bolso que hace juego conmigo.

Y Dios, distante y sin moverse
parece consternado ante mis confesiones.

Rezo en latín -como hacen las mujeres pecadoras-
y en español castizo, un sacerdote
(sin mirarme a los ojos)
me da por penitencia un par de aves marías
que lanzo, pronta, al vuelo.

En casa
sin bolso ni tacones
me sirvo alguna copa de aguardiente
y observo largo rato un crucifijo.

Y sé que a Dios tampoco le hace gracia
el que vivamos juntos.

(Este poema obtuvo el primer lugar de los Juegos Florales Nacionales de Santiago Ixcuintla, Nayarit, en 1997).


Poema Ebriedad De Dios (1)
de Luis Armenta Malpica

Uno vuelve, siempre, a los viejos sitios
donde amó la vida.
César Icella

Esa tristeza lenta del recuerdo
se nos va desdoblando por la cara.
Y en lugar de los ojos
se humedecen dos profundas hogueras
en donde alguna vez frotamos nuestras manos
con las de un ser querido.

Entonces el amor era un barril de pólvora.
Una mecha muy corta nos unía.

Nuestra casa era un papel periódico
con un asombro nuevo en las noticias.
Pero llegó la lluvia y sus relámpagos.
Las hojas de la casa no fueron suficientes para formar un barco
que nos sacara a flote.
Intenté resistir escribiendo en las hojas nuestra casa quemada.
Naufragué por mis dedos.

Luego encontré en el vino las múltiples razones
para escapar de todo:
de mi madre y mis hijas, de ti
mi propia sombra.
Era increíble ver que en un vaso cupieran
la luz que yo buscaba, y el fondo
inacabable
de lo que yo no quise.
Me alejé de la lumbre
para hallar en los hielos que enfriaban mis angustias
un barrio conocido.

Allí, dueña de las paredes, las sábanas del vino me negaban los cláxones
el timbre del teléfono
el puño que golpeaba mi nombre por la puerta:
el contacto caliente con el piso.

Yo solo pedía tiempo, no a Dios.
Le pedí alguna calle, otra lepra en un vaso
otra memoria.

Me fui acabando entera
sin terminar el vaso ¾tan lleno¾ de mi vida.
Lenta, en verdad, la vida
a pesar del galope del inicio.

Apuro lo que bebo
y no se acaba
al contrario: es más lo que me culpa.
Cada uno se despide del mundo
como puede…
Yo pretendo el sigilo, para no avergonzarme
de no enfrentar los ojos de los tantos que me aman.

El vino es otra herida
inflamatoria
para que el hombre sepa de la muerte.

Sin embargo, cuando empiezo a morirme
Dios hace mucho ruido
y me despierta.
Y en lugar de ir a la cocina por un vaso
voy a la habitación de mis tres hijas, para mirar si duermen…
y besarlas, si puedo.


Poema Ebriedad De Dios (2)
de Luis Armenta Malpica

De niña me enseñaron que yo era una manzana
y el hombre era el cuchillo.
Las mujeres teníamos que lograr que nos pelaran
se hundieran hasta el mango en nuestra carne
y le dieran salida a las semillas.

Ya en espiral
-con nuestra piel deforme, oscura por el tiempo-
el amor podía ser algún mordisco
un apretar los dientes
y ser mujer
callando…

Pero yo no callaba… me decía en los poemas.

A golpes -como aprendió su madre-
fue lección de mi madre: la cocina es el mundo
de la mujer que calla.
Entre especias, vinagres y embutidos
esa dulce manzana de mi vida se llenó de gusanos.

No callaba: mis hijas me costaron, cuando menos, un grito.
El amor, esa lata carísima
se quedó en la alacena.
Un día, por buscarle acomodo al aguardiente
lo tiré a la basura.

Sé lo que hacen los lazos en todas las mujeres
aunque sean familiares.
Al encender el horno (¡ay, Sylvia Plath, te envidio!)
al picar la cebolla
lo recuerdo…
Las profundas estrías de la garganta
son mi paso de Dios
a la intemperie.

Perdí mi casa
cuando llegó el alcohol como el mesías.
Después perdí a mis hijas, una a una.
Pero rezaba, así, como callando: «Señor, esta es tu sangre…»

Tu madre se nos muere
les digo a mis tres hijas, luego de cada sorbo.
Ellas tan solo lloran, muy quedito
como diciendo: ¿cuándo!

sábado, 20 de marzo de 2010

No me mueve mi Dios...Santa Teresa de Avila /

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
(POEMA CUYA AUTORÌA HA SIDO ATRIBUÌDA
TAMBIÈN A FRAY FRANCISCO XAVIER
Y FRAY MIGUEL DE GUEVARA )

En los besos de mi madre creo. José Castillo Peraza

No olvido en mi infancia cierto día
mi Madre me estrechó y en sus excesos
diome en la frente cariñosos besos,
cuyo grato calor, aún no se enfría.

!Qué consejos me dió¡! cuánto me dijo¡
practica la virtud, !huye del vicio¡
procede siempre con prudencia y juicio
!y mi nombre honrarás¡ como buen hijo.

Aún es temprano y aunque niño seas,
debo enseñarte con afán profundo;
llegas apenas al dintel del mundo
y fuera de mi amor !en nada creas¡

Al expresarme su mejor deseo
comprendí !que su amor era infinito¡
y desde entonces sin cesar repito:
!sólo en los besos de mi madre creo¡

Parábola del Resucitado.

Jesús entre las sombras vagaba solitario
bajo sus vestiduras, albas como un sudario,
y viendo en lontananza las torres de una bella
ciudad, los lentos pasos enderezó hacia ella;
y cuando estuvo cerca llegaron a sus oídos
clamores de alborozo , cantos báquicos, ruidos
de copas que se chocan y ecos de serenata;
vió un palacio dórico con ferias columnatas
de mármol y las puertas orladas de olorosas
guirnaldas y festones de nardos y de rosas.

Jesús entró al palacio de mármol y en la sala
solemne del banquete, sobre un lecho de gala
y en medio de hetairas y momios y poetas
vió a un jóven, coronadas las sienes de violetas;
el Galileo con dulce y congojado
acento ¿Porqué? le dijo ¿vives en el pecado?
y el mancebo repuso "Señor, yo era un leproso
y me tornaste limpio como en la edad primera,
¿porqué, joven y fuerte, vivir de otra manera?

Jesús se alejó entonces de la mansión florida
y en medio de la calle vió a una mujer vestida
de púrpura, el cabello sujeto con cintillas
y con ajoncas de oro en los tobillos.
Tras ella iba un patricio y ardía en su mirada
de sátiro, el deseo con loca llamarada.
¿Porqué? dijo el rabino ¿la miras de ese modo?
¿no sabes que la carne solo es tristeza y lodo?
el hombre responió: Señor yo estaba ciego
vivía en las tinieblas, más Tú que oyes el ruego
de sordos y de mudos de mancos y de cojos
con mano compasiva la luz diste a mis ojos
y ¿qué quieres? oh Maestro¡ que yo haga con la vista?

Y a la mujer liviana se acercó al Rabino
y preguntó: ¿ignoras que existe otro camino
que el del pecado? y ella repuso con la boca
fragante y cerecina llena de risa loca:
Señor¡ tu me absolviste de todos mis errores¡
y en el camino que ando !mis pies van sobre flores¡

Jesús se alejó entonces de la Ciudad impura
y lejos de sus puertas, en la árida llanura,
vió a un hombre que lloraba con hondo abatimiento;
¿Porqué lloras? le dijo con amoroso acento
¿porqué corren tus lágrimas salobres como el más?
Yo estaba,Señor,entre los muertos clamó con voz dolida
el joven, !y tu verbo me devolvió la vida¡
Y ¿ Para qué es la vida si no para llorar?