sábado, 20 de marzo de 2010

El Milagro de la sangre.

Sangre manaba aún de su costado
cuando un judío que advirtió la herida
díjole con el puño levantado:
"¿No dices que eres Dios? ¿cómo se explica
que Dios esté clavado en un madero?
¡bájate de ahí si son tan ricas
las fuerzas de tu Reino verdadero!

Y tomando en su mano pecadora
una gota de sangre del Rabí
le dijo con voz dominadora:
"¿ésta es la sangre que tu pueblo adora?
si es igual a la sangre que hay en mí.

Cristo le respondió: ¡Mírala ahora!
y temblando el judío en esa hora
abrió la mano ¡y se encontró un rubí !

Jesús y el Mendigo. Parábola

MARCHABA EL BUEN JESÚS POR EL CAMINO
EN SUS LARGAS JORNADAS POR EL MUNDO;
Y ERA ENTRADA LA NOCHE CUANDO VINO
A POSTRARSE A SUS PIES UN VAGABUNDO.

Y LE DIJO CON JÚBILO Y CON LLANTO,
¿ ERES JESÚS EL NAZARENO? CUANTO
TE HE BUSCADO SEÑOR, PARA QUE ME HAGAS
UN GRANDÍSIMO BIEN, Y ABRIOSE EL MANTO
Y EL CUERPO LE MOSTRÓ LLENO DE LLAGAS.

DE PUEBLO EN PUEBLO VOY PARA QUE VEAN
MIS ULCERAS SANGRANTES Y MITIGUEN
MI DOLOR,PERO LOS HOMBRES ME APEDREAN
Y LOS PERROS RABIOSOS ME PERSIGUEN.

TEN PIEDAD DE MIS LLAGAS MISERABLES
TÚ, QUE LLEVAS EL BIEN POR DO CAMINAS,
¡TÓCALAS CON TUS MANOS ADMIRABLES!
QUE CONVIERTEN EN ROSAS LAS ESPINAS.

ASÍ HABLÓ EL MENDIGO CON TRISTEZA;
Y ENTONCES CRISTO, DE TERNURA LLENO,
PUSO UN BESO DE PAZ EN SU CABEZA
Y LE HIZO DESCANSAR SOBRE SU SENO.

DICIÉNDOLE.. POR TODAS TUS QUERELLAS
YO MEZCLARÉ MIS LÁGRIMAS CONTIGO;
¡ Y LLORÓ TANTAS! QUE LO BAÑO EN ELLAS,
Y AL MIRAR SUS HERIDAS EL MENDIGO
!LAS HALLÓ, SALPICADAS CON ESTRELLAS¡.

( Autor desconocido ) No tengo referencia
de quién es el autor. Algunos han indicado
amablemente que es de Amado Nervo. No encuentro
en ningún lado algo para confirmarlo.
En la página http://www.poema-de-amor.com.ar/
hay una lista de poemas de Amado Nervo, y no la
encuentro. Si alguien tiene información fiel
de la autoría, le agradeceré mucho.

Mater Admirabilis . Antonio Medíz Bolio

Antonio Medíz Bolio fue un abogado, poeta, periodista, mayista, historiador y político mexicano, nacido en Mérida, Yucatán, en 1884, y muerto en la Ciudad de México en 1957. Fue hermano de dos connotados escritores yucatecos: Fernando y María, ambos también maestros.
Terminó la carrera de leyes en el Instituto Literario del Estado de Yucatán, graduándose de abogado en 1907 con la tesis El derecho de huelga. Muy joven inició sus actividades como periodista en La Revista de Mérida, dirigida por Carlos R. Menéndez, donde publicó sus primeros poemas. Luego colaboró en Pimienta y Mostaza y en El Salón Literario. Fue también colaborador del diario México Nuevo dirigido por el periodista Juan Sánchez Azcona.
Fue Secretario de Gobierno en Yucatán en 1903. Colaboró en el gobierno de Salvador Alvarado como director de La Voz de la Revolución, periódico que surgió como resultado de la incautación de la Revista de Yucatán al periodista Carlos R. Menéndez con quien sostuvo, sin embargo una gran amistad después de esos acontecimientos. Sufrió persecución política por el hecho circunstancial de haber sido Diputado -la primera ocasión- en el tiempo en que se suscitó el golpe de estado de Victoriano Huerta en contra del Presidente Francisco I. Madero. Como resultado de esto tuvo que abandonar el país, expatriándose en La Habana, en donde trabajó en el Heraldo de Cuba, periódico desde el que combatió la usurpación de Huerta.
Ya de regreso en México, fue precandidato en 1933 al Gobierno del Estado de Yucatán resultando perdedor frente a César Alayola Barrera, quien gobernó Yucatán entre 1934 y 1935. Otra vez Diputado federal en la XXIII Legislatura y, más tarde, Senador de la República en la XLII Legislatura al Congreso de la Unión. Se desempeñó asímismo en el servicio exterior, como primer secretario de la legación mexicana en España, en Suecia, en Argentina, en Colombia y como embajador en Costa Rica.
Políticamente se le conoció por sus posturas conservadoras y conciliatorias.
Obra literaria [editar]
Pero fue en el campo de la literatura en el que alcanzó altas cimas, gloria y reconocimiento generalizado, tanto en su patria como en el extranjero. Escritor de talla excepcional. Inspirado Poeta. Con amplia cultura y niveles de erudición en muchos ámbitos. Dominaba la lengua maya y tradujo a tal lengua y de ese idioma al español una buena cantidad de obras. Desempeñó asímismo la docencia en cuestiones mayas, particularmente en historia y literatura. Fue profesor de literatura maya en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribió poesía, teatro, historia, novela, ensayo, guiones cinematográficos, comedia, fábula, zarzuela y opereta. En fin, un verdadero polígrafo.
Poesía [editar]

* Evocaciones (1903) Prologo de Delio Moreno Cantón.
* La casa de Montejo (1913)
* En medio del camino (1919) que contiene el célebre poema Manelich
* La Casa del Pueblo del Mayab (1928)
* Mater Admirabilis (1942)
* Las cuatro Colmayel. Las madres de las flores (1946)
* Siete poemas. Ilustrado por Fernando Castro Pacheco (1950)
* Mi tierra es mía con dibujos de Fernando Castro Pacheco (1953)
* Caminante del Mayab poema musicalizado por Guty Cárdenas
* Yukalpetén poema musicalizado por Guty Cárdenas
* Campanitas de mi tierra poema musicalizado por Guty Cárdenas

Prosa (novela y teatro) [editar]

* La tierra del faisán y del venado, poesía en prosa. Tal vez su obra cumbre, prologada por Alfonso Reyes. La primera edición fue ilustrada por Diego Rivera.
* Alma bohemia Drama en tres actos (1905)
* La guerra (1905)
* Las dos noblezas (1906)
* Suerte perra (1907)
* Vientos de montaña (1908)
* El sueño de Iturbide (1910)
* La ola (1917)

Zarzuela, Opereta y Poemas sinfónicos [editar]

* El marquesito enamorado (1917)
* La flecha del sol (1918)
* El acatamiento de Don Quijote a doña Consuelo Mayendía, alta y vencedora princesa de la jácara y del donaire (1919)
* Soñando (1924)
* La fuerza de los débiles (1927)
* La tierra del faisán y del venado (1928)
* El asesino (1930)
* Cenizas que arden (1948)

Ensayos [editar]

* El libro del Chilam Balam de Chumayel (1930)
* Introducción al estudio de la lengua maya (1943)
* Interinfluencia de la lengua maya y el español de Yucatán (1951)
* A la sombra de mi ceiba (1956)
* Historia de las revoluciones de Yucatán, desde la conquista hasta nuestros días (Póstuma)

Reconocimientos [editar]

* Fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, ingresó el 23 de mayo de 1951 y ocupó la silla III.[1]
* Doctor Honoris Causa de la Universidad del Sureste

Poema ¡Mater admirabilis!
Todos los hombres de todos los tiempos
aprendieron a hablar con esta palabra,
las luces de los cielos se encendían oyéndola,
los árboles de la tierra florecieron escuchándola,
y los pájaros la cantaron en sus nidos
y en el bramido de las fieras retumbaba.

Cuando nació la vida, todo dijo:
¡Madre luz!,
¡Madre tierra!,
¡Madre agua!
y se prendieron los fuegos de los sacrificios
en las cimas broncas de las montañas.

Y la primera diosa de los hombres
fue la madre de aquel que bajaba
todos los días a fecundar al mundo
desde los cielos llenos de llamaradas.

¡Isis! – dijeron en el misterio de los templos
los sacerdotes de las mitras doradas.

¡Ceres! – cantaron coronados de rosas
los hierofantes de la Hélade blanca.

¡Astarté! – en los mares fenicios
gritaron las voces de los nautas.

Y hace doscientos siglos, en el tiempo
en que el tiempo no se contaba,
¡Kinich Kakmó!,
¡Madre de la vida!,
¡Madre de la fuerza!,
¡Madre de la llama!
¡En la gloria mística de los solsticios
clamaban en éxtasis nuestros padres mayas!

¡María!, en la hora de los evangelios
la luz de los cielos desciende a las almas
y en medio del claro vuelo de los ángeles
sobre los humildes llenos de esperanza;
la mujer que tiene un manto de luceros
y el dragón vencido bajo de sus plantas
mares de dulzura derrama en la tierra
que hasta ella los ojos dolientes levanta,
con sed de ternura y hambre de justicia,
y con voz de herida humanidad le llama
¡Madre de Dios!,
¡Madre de misericordia!
y ella tiene al pecho, siete puñaladas
y en los ojos tiene siete estrellas fúlgidas
y lluvia de dones corren por sus lágrimas.

Dolor infinito y amor sin orillas,
¡Dolor y amor!, madre por divina gracia
¡Dolor y amor!, altas luces de la vida
¡Dolor y amor! grandes y eternas palabras.

Madre de los hombres, excelso prodigio
chispa de Dios dentro de la arcilla humana.
Mater dolorosa, la que siente al hijo
que al llegar al mundo, le rompe la entraña;
la que luego gime junto al negro túmulo
de aquel que ya nunca volverá a besarla.

La que sufre el crudo martirio sin nombre
de los abandonos, que desvelos pagan,
pero que perdona, que perdona siempre,
y bendice el filo que le hiere el alma.

La que llora el hondo vacío de la ausencia
y todas las noches enciende una lámpara
y todos los días reza porque vuelva
aquél que está lejos y no dice nada.
La que entrega el hijo, cuando se lo pide
La Madre de Madres, que se llama Patria.

La que en el silencio de los camposantos
vestida de luto como sombra pasa,
con las manos llenas de flores humildes,
y los ojos llenos de fúlgidas lágrimas.

!Mater amorosa que mece la cuna¡
¡Madre que sonríe, que sueña y que canta!
cuando el niño cierra los ojos que ignoran
las cosas terribles que la vida guarda.
La que peina y riza los bucles de oro
como un sol de fiesta, toda iluminada,
la que a todo pecho de ilusión respira
mientras los pañales pequeñitos lava,
la que borda luego la inicial de ensueño
sobre el joven pecho que revienta en ansias;
!La que besa el laudo que ganó el artista¡
y la cruz que el bravo !ganó en la batalla¡.

la que aroma el lecho del galán que busca
besos de quimera en reja romántica
o besos prohibidos en la pecadora fiesta
que su sangre de incendio arrebata.
!La que por un beso, sólo por un beso¡
casto y luminosos !sin dormir aguarda¡

La que teje el velo nupcial de la hija
que de su regazo florido se marcha
a los brazos recios del que se la roba
¡Porque así la vida, sin piedad lo manda!
La que luego enciende fuegos de alegría
y con rosas vivas el techo enguirnalda,
cuando el que ha sufrido retorna pidiendo
paz de nido para sus deshechas alas
descanso y abrigo para su fatiga;
manos que se posen en sus frías canas
y otra vez canciones que arrullen su sueño
y otra vez caricias que curen su alma.

¡Madre de los héroes!,¡Madre de los mártires!,
¡Madre del soldado que cayó en campaña!,
¡Madre del que sueña con la gloria arisca!,
¡Madre del que busca paz sin encontrarla!,
¡Madre del que vence con fortuna y fama!,
¡Madre de mendigos y de paladines!,
!de triunfantes próceres y de obscuros parias¡

¡Sean todas benditas en todas las lenguas,
por todos los hombres de todas las razas!
¡Mater admirabilis!
¡Santas madres nuestras!
¡Qué nos dieron todos sin pedirnos nada!


MANELICK. Antonio Medíz Bolio
Como una cabra arisca bajó de su montaña,
de su montaña que era salvajemente huraña,
como su espíritu hecho a las bravas alturas
como su cuerpo donde dejaron huellas duras
el sol de fuego, el soplo de las tormentas locas
las mordidas de lobos y arañazos de rocas.
Bajo de sus picachos a la llanura un día
allá dejó el rebaño,la choza, la jauría,
los agrios vericuetos, las claras soledades
dominio de las aguilas y de las tempestades.
Arriba dejó todo cuanto su vida era
y con un dulce sueño dentro del alma de fiera
vino a la tierra baja,la tierra misteriosa
que él miraba de lo alto como una vaga cosa
que no le era dado conocer hasta cuando
bajase por su amada, que lo estaba esperando.

La amada, la hembra llena de suavidad, aquella
que el miraba en las noches temblar en cada estrella,
a la que luego en sueños como una luz veía
y que en el sol brillaba al despertar el día.
Aquella en quien pensaba sin tregua año con año
viendo como en el risco se juntaba el rebaño,
y como en el silencio del monte dormido
las águilas buscaban el calor de su nido.

Y así vibrante, bajo las pieles de su sayo,
su ser, quizá engendro de una nube y un rayo,
ingenuo y primitivo, enamorado y fuerte,
el pastor bajó ese día de cara hacia la muerte.
Y allí en la tierra baja, en la tierra del amo
Manelick halló cruda decepción al reclamo
de un amor que él creía nuevo, fértil y suyo,
suyo no más, alegre como temprano arrullo
de tórtola, como eco de canción, un cariño
como un regazo donde durmiera un niño.
Y supo que allí, lejos de los hozcos rediles
que dejó en las montañas, los hombres eran viles
más viles y traidores que las malas serpientes
que abajo se arrastran, lo mismo que las gentes.
Y supo que su amo, el amo que le daba
la mujer que allá arriba como en sueños soñaba,
era más vil que todos y que también mentía
y que era como un lobo que robaba y huía.
Y supo algo más horrible, la mujer de su sueño
era del amo, el amo era el único dueño
de todo, de la tierra, del amor de su vida;
él era solo un siervo, la bestia escarnecida,
una cosa, un pedazo de carne esclavizada
sin derechos, sin honra, sin amor y sin nada.
Y entonces, entre el asco de toda la mentira
de toda la cruel befa del mundo, sintió ira,
ira trágica y noble de león provocado
que se ha dormido libre y despierta enjaulado,
y oyó que de él reían como de simple y bobo
de él, que igual que un hombre estrangulaba un lobo¡
y ya no pudo más un día se alzó contra el tirano
y le arrancó la vida, con su plebeya mano
se hizo justicia el siervo, todos enmudecieron
ante el soberbio triunfo y estupefactos vieron
como el pastor hirsuto, !la brava bestia humana
con su mujer en brazos se marchó a la montaña¡

!Oh Manelick, oh plebe que vives sin conciencia
tu vida oprobiosa, que arrastras tu existencia
dócil al yugo innoble, que adormeces tu alma
de hierro en el marasmo de ignominiosa calma.
!Oh carne santa y pura del pueblo, carne abierta
por el golpe del látigo infamador¡ !Despierta¡
cuando entre la impudicia de los hombres te sientas
cuando en tu pecho el odio desate sus tormentas,
cuando todos te nieguen y te insulte el orgullo,
!levántate y exige que te den lo que es tuyo¡

Si sientes la injusticia desgarrándote el pecho,
si te estrujan la vida, si te infaman el lecho,
si te pagan la honra con mezquino mendrugo
no envilezcas de miedo soportando al verdugo.
No lamas como un perro la mano que te ata.
!haz pedazos los grillos y si te asedian, Mata¡
Que la soberbia aleve halle tu brazo alerta,
a veces es justicia que la sangre se vierta.
No temas nada y Hiere, porque Dios es tu amigo
y por tu brazo a veces desciende su castigo.

!oh Manelick, Oh plebe que vives en la altura¡
Ven a la tierra baja, desciende a la llanura,
y cuando aquí te arranquen en miserable robo
tu ilusión, !que tus manos estrangulen al lobo¡
! que fulmine el rayo que vibra en tus entrañas
y después con lo tuyo, Regresa a tus montañas¡

Tengo en el Fondo del alma.

Tengo en el fondo del alma
un mal secreto de amores
que no me deja vivir;
ya no quiero pensar ni sentir!
Es ansia de paz y olvido
de placer grande y profundo
en brazos del ser querido
para abstraerme del mundo.
¡ya no quiero recordar ni sentir!
Tengo en el fondo del alma
un mal secreto de amores
que no me deja vivir!
Quiero besos muchos besos,
besos dulces como esos
!que me daba no se quien¡
Besos que me causaban embelesos
y eran infierno también.
Solo se que era muy bella
y muy cruel
y que tenía los labios
!dulces como la miel!
y tan rojos
!como el más rojo clavel¡
Cual una flor engañosa del amor
los evoco con dolor
y no los puedo olvidar,
!ya no quiero recordar ni sentir¡
Tengo en el fondo del alma
un mal secreto de amores
!que no me deja vivir¡

Mi pobre carne doliente
carne ardiente
de sensual adorador,
está impregnada, impregnada
del perfume de la amada;
y siento constantemente
en mi cuerpo, en el ambiente
su extraño olor a pecado
vivo trastornado por su olor
ese olor me va a matar¡
!ya no lo quiero sentir¡
Tengo en el fondo del alma
un mal secreto de amores
que no me deja vivir!

De sus ojos la negrura
cuando está la noche oscura
en la densa espesura veo brillar;
!Ojos que sabeis decir
toda la ciencia de amar¡
ahorradme vuestro mirar
ya no puedo resistir...
Tengo en el fondo del alma
un mal secreto de amores
que no me deja vivir.

Y si la vida es tortura
y es locura,
quiero agrandarme la herida
para escapar de la vida;
!sí¡ en los lazos de tus brazos
prisionero quiero estar
para gozar y sentir,
amar y volver a amar¡
!amar y amando morir¡
Tengo en el fondo del alma
un mal secreto de amores
!que no me deja vivir¡

Busca En Todas Las Cosas. de Enrique Gonzalez Martinez

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje…
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora…
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido…

Poema A La Que Va Conmigo de Enrique Gonzalez Martinez

Iremos por la vida como dos pajarillos
que van en pos de rubias espigas, y hablaremos
de sutiles encantos y de goces supremos,
con ingenuas palabras y diálogos sencillos.

Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta
que atisba tras la verde y oscura celosía,
y aplaudiremos ambos la célica armonía
del amigo sinsonte que es músico y poeta.

Daremos a las nubes que circundan los flancos
de las altas montañas nuestro saludo atento,
y veremos cuál corren al impulso del viento
como un tropel medroso de corderillos blancos.

Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores,
de misteriosos cantos y de voces extrañas;
y veremos como tejen las pacientes arañas
sus telas impalpables con los siete colores.

Iremos por la vida confundidos en ella,
sin nada que conturbe la silenciosa calma,
y el alma de las cosas será nuestra propia alma,
y nuestro propio salmo el salmo de la estrella.

Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto
sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído
sepa escuchar las voces de los desconocido,
se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.

Como hermana y hermano. Biografía. Enrique Gonzalez Martínez

Enrique González Martínez (Guadalajara, Jalisco, México; 13 de abril de 1871 - México D.F.; 19 de febrero de 1952), poeta y diplomático mexicano, uno de los "siete dioses mayores de la lírica mexicana", en palabras del crítico Pedro Henríquez Ureña. Fue miembro de la generación del Ateneo de la Juventud y miembro fundador de El Colegio Nacional. Fue padre del poeta Enrique González Rojo y abuelo de la poetisa Ana Rosa González Matute, el escritor Salvador Elizondo es su sobrino nieto.En el año de 1893 se recibe de médico en la misma ciudad, en donde también publica algunos versos en revistas y periódicos. Al poco tiempo de recibirse fue nombrado profesor adjunto de fisiología en la Escuela de Medicina. Tras dos años de práctica profesional abandona su ciudad natal para dirigirse a Culiacán, Sinaloa. En 1903 aparece su primer libro Preludios.Con su tercer libro, Silenter, es recibido como miembro de la Academia Mexicana, pasando a radicar a la ciudad de México donde ingresa al Ateneo de la juventud del que llega a ser presidente (1912), funda la revista literaria Argos (1912) y se coloca como editorialista del diario El Imparcial.[1profesor de Literatura Francesa en la Escuela de Altos Estudios, jefe de clases de Literatura y Gramática, y profesor de Literatura Mexicana en la Escuela Nacional Preparatoria en el Distrito Federal. En 1917 al lado de otros grandes Literatos como Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo dirige la revista Pegaso. Al ingresar al Servicio Exterior Mexicano en 1920 ocupó el puesto de ministro plenipotenciario de México en Chile, Argentina, España y Portugal entre los años 1920 y 1931, regresando después a México. Fue miembro del Liceo Altamirano. En 1944 recibió el Premio Nacional de Literatura "Ávila Camacho" y se publican sus Poesías Completas:

Sus poemas tienen gran distinción lingüística, profundidad filosófica y elegante sobriedad. Algunos de los más célebres son "A la que va conmigo", "Cuando sepas hallar una sonrisa", "Eran dos hermanas", "Busca en todas las cosas", "El sembrador de estrellas", "¿Te acuerdas de la tarde?", "Y pienso que la vida", "Por que ya mis tristezas", el ya citado "Tuércele el cuello al cisne" y "Yo voy alegremente" entre otros. Como traductor destaca la antología Jardines de Francia (México, 1915), que contiene versiones exactas de Maurice Maeterlinck, Verhaeren, Rodembach, Francis Jammes y otros.
A partir de la liberación de los datos de la Fundación Nobel,[3] de los nombres de las personas nominadas al Premio Nobel de Literatura dentro de los años comprendidos ente 1901 y 1950, se ha hecho público que el poeta Enrique González Martínez, estuvo nominado al citado galardón en el año de 1949, postulado por el también intelectual Antonio Castro Leal. Sin embargo, como es sabido, en dicho año el Premio Nobel de Literatura le fue otorgado al estadounidense William Faulkner. Enrique González Martínez falleció en la Ciudad de México el 19 de febrero de 1952, fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres.

"COMO HERMANA Y HERMANO"

Como hermana y hermano
vamos los dos cogidos de la mano...

En la quietud de la pradera hay una
blanca y radiosa claridad de luna,
y el paisaje nocturno es tan risueño
que con ser realidad parece sueño.
De pronto, en un recodo del camino,
oímos un cantar... parece el trino
de un ave nunca oída
un canto de otro mundo y de otra vida...
¿Oyes? -me dices- y a mi rostro juntas
tus pupilas preñadas de preguntas.
la dulce calma de la noche es tanta
que se escuchan latir los corazones.
Yo te digo: no temas, hay canciones
que no sabremos nunca quién las canta.

Como hermana y hermano
vamos los dos cogidos de la mano...

Besado por el soplo de la brisa,
el estanque cercano se divisa...
Bañándose en las ondas hay un astro;
un cisne alarga el cuello lentamente
como blanca serpiente
que saliera de un huevo de alabastro...
Mientras miras el agua silenciosa,
como un vuelo fugaz de mariposa
sientes sobre la nuca el cosquilleo,
la pasajera onda de un deseo,
el espasmo sutil, el calor-frío,
de un beso ardiente, cual si fuera mío...
Alzas a mí tu rostro amedrentado
y trémula murmuras: ¿me has besado?...
Tu breve mano oprime
mi mano; y yo a tu oído: ¿sabes?, esos
besos nunca sabrás quién los imprime...
Acaso, ni siquiera si son besos...

Como hermana y hermano
vamos los dos cogidos de la mano...

En un desfalleciente desvarío,
tu rostro apoyas en el pecho mío,
y sientes resbalar sobre tu frente
una lágrima ardiente...
Me clavas tus pupilas soñadoras
y tiernamente me preguntas: ¿lloras?
Secos están mis ojos... Hasta el fondo
puedes mirar en ellos... Pero advierte
que hay lágrimas nocturnas - te respondo-
que no sabremos nunca quién las vierte.

Como hermana y hermano
vamos los dos cogidos de la mano...
-----------

Llama eterna

¿Qué brilla en tu mirar que el alma enciende
en la célica luz de un sol perdido?
¿Por qué en tu voz de tórtola mi oído
todo lo capta y todo lo comprende?

¿Qué místico mensaje se desprende
de tu silencio al corazón herido?
¿Qué efluvio de un instante ya vivido
en tu ritmo de gracia me sorprende?

Ausentes fuimos, pero nunca extraños.
Yo te debí de amar hace mil años
y agobiarte de idénticas preguntas.

Ayer perdida y recobrada ahora,
tras nueva ausencia y en lejana aurora
han de besarse nuestras almas juntas
-----------

Busca en todas las cosas
un alma y un sentido...

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje...
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora...
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido..
------------

Cuando sepas hallar una sonrisa...

Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se rezuma
de las porosas piedras, en la bruma,
en el sol, en el ave y en la brisa;

cuando nada a tus ojos quede inerte,
ni informe, ni incoloro, ni lejano,
y penetres la vida y el arcano
del silencio, las sombras y la muerte;

cuando tiendas la vista a los diversos
rumbos del cosmos, y tu esfuerzo propio
sea como potente microscopio
que va hallando invisibles universos,

entonces en las flamas de la hoguera
de un amor infinito y sobrehumano,
como el santo de Asís, dirás hermano
al árbol, al celaje y a la fiera.

Sentirás en la inmensa muchedumbre
de seres y de cosas tu ser mismo;
serás todo pavor con el abismo
y serás todo orgullo con la cumbre.

Sacudirá tu amor el polvo infecto
que macula el blancor de la azucena,
bendecirás las márgenes de arena
y adorarás el vuelo del insecto;

y besarás el garfio del espino
y el sedeño ropaje de las dalias...
y quitarás piadoso tus sandalias
por no herir a las piedras del camino
------------