La necedad, el yerro, la culpa, la codicia,
ocupan nuestro espíritu, trabajan nuestro cuerpo,
y como los mendigos se nutren de miseria,
nosotros nos nutrimos de remordimientos.
Nuestro pecado es terco,la contrición cobarde;
nos hacemos muy bien pagar lo confesado,
y creyendo lavar con vil llanto las culpas,
nos volvemos alegres al camino del fango.
En la almohada del mal es Satán Trimegisto
el que sabe mecer y embrujar nuestra alma,
y el precioso metal de nuestra voluntad
evapora su mano químicamente sabia.
El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven.
Atractivo encontramos en lo más repugnante;
cada día al infierno descendemos un paso
por tinieblas hediondas y espantosos lugares.
Igual que un libertino que besara y mordiese
el seno maltratado de una vieja ramera,
robamos al pasar un placer clandestino
que exprimimos lo mismo que naranja seca.
Espeso, hormigueante, como un millón de helmintos,
un pueblo de demonios hierve en nuestro cerebro;
y cuando respiramos baja a nuestros pulmones,
como un río invisible, la muerte, a paso quedo.
Si el estupro, el veneno, el incendio, el puñal,
no han bordado hasta ahora dibujos a capricho
en este cañamazo que destino llamamos
es, ¡ay! porque no somos lo bastante atrevidos.
Poeta, novelista y crítico de arte francés, nacido en París en 1821.
Al terminar sus estudios en Paris en 1834, fue enviado a las Antillas por su padrastro, quien quiso alejarlo de la vida bohemia y licenciosa que el joven llevaba. A su regreso a Paris inicia estudios de Derecho en 1840, incursiona en el ambiente literario entablando amistad con prominentes figuras del arte, y empieza a producir textos sobre crítica de arte y poesía.
Considerado como modelo y padre de la poesía moderna, publicó en 1857 su máxima obra, "Las flores del mal", desatando una gran polémica por considerarla como una ofensa contra la moral pública. Luego aparecieron "Pequeños poemas en prosa" y Paraísos artificiales publicados en 1860.
La sífilis que contrajo debido a su vida desordenada, le produjo afasia y una parálisis parcial que lo condujo a la muerte en 1867.
"Curiosidades estéticas", "El arte romántico", "Mi corazón al desnudo" y su "Epistolario" fueron publicados póstumamente. ©
LAS FLORES DEL MAL
Pero entre los chacales, las panteras, los linces,
los monos y escorpiones, los buitres, las serpientes,
los monstruos aulladores, rampantes, gruñidores,
en esa fauna horrible del vicio, ¡uno aparece¡
Más feo todavía, más malo, más inmundo!
Sin gesticulaciones, sin lanzar grandes gritos,
hiciera, por su gusto, de la tierra un despojo,
se tragaría el mundo de un bostezo infinito.
¡Es el tedio! Él nos llena de llanto sin motivo,
y fumando su pipa, imagina cadalsos.
Tú conoces, lector, al delicado monstruo
-hipócrita lector-, -igual a mí-, ¡mi hermano!
Tristezas de la luna
Esta noche la luna sueña con más pereza,
Cual si fuera una bella hundida entre cojines
Que acaricia con mano discreta y ligerísima,
Antes de adormecerse, el contorno del seno.
Sobre el dorso de seda de deslizantes nubes,
Moribunda, se entrega a prolongados éxtasis,
Y pasea su mirada sobre visiones blancas,
Que ascienden al azul igual que floraciones.
Cuando sobre este globo, con languidez ociosa,
Ella deja rodar una furtiva lágrima,
Un piadoso poeta, enemigo del sueño,
De su mano en el hueco, coge la fría gota
como un fragmento de ópalo de irisados reflejos.
Y la guarda en su pecho, lejos del sol voraz.
"El vino del solitario"
La singular mirada de una mujer galante
Que llega hasta nosotros como la blanca luz
Que enviara la luna al lago tembloroso
Cuando quiere bañar su indolente belleza;
Los últimos escudos que tiene un jugador;
Un beso lujurioso de la flaca Adelina;
Los ecos de una música cálida y enervante
Como el grito lejano del humano sufrir,
No vale todo ello, oh botella profunda,
El penetrante bálsamo que tu fecundo vientre
Ofrece al corazón del poeta abrumado;
Tú le dispensas vida, juventud y esperanza
-Y orgullo, esa defensa frente a toda miseria
Que nos vuelve triunfales y a dioses semejantes.
domingo, 21 de marzo de 2010
Soledades y otros Poemas. Antonio Machado.
Nació en Sevilla en 1875. Estudió con su hermano Manuel en Madrid en la Institución Libre de Enseñanza. En París cursa Filología, mientras traduce para la casa Garnier; en donde conoce a Rubén Darío. Gana una cátedra de Francés y es destinado a Soria. Se casa con Leonor en 1909. Su esposa enferma falleciendo en 1912, causando una irreparable herida en el alma de Antonio Machado.Ejerce profesorado en Baeza y Segovía, colaborando también con su hermano en Obras teatrales. Fue elegido miembro de la Academia Española y Francia le otorgó las Palmas Académicas.Al iniciar la guerra civil en 1936 se traslada a Valencia y en Febrero de 1939 parte al exilio con su madre falleciendo ese año en Colliure Francia. Hombre de vida silenciosa, creó una poesía sincera, desprovista de halago retórico, sobría y varonil.
Soledades 1903, y otras obras en Soledades, galerías y otros poemas (1907).
"Soledades"
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
-----------------------------
Amanecer de otoño
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros.
Zarzas, malezas,jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor:
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos,
camina un cazador.
-----------------------
Sol de invierno
Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
"¡El sol, esta hermosura
de sol!..." Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.
--------------------------
Una noche de verano
Una noche de verano
–estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa–
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
–ni siquiera me miró–,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. "¿Qué has hecho?"
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
-----------------------------
Soñé
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
Soledades 1903, y otras obras en Soledades, galerías y otros poemas (1907).
"Soledades"
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan, y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
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Amanecer de otoño
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros.
Zarzas, malezas,jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor:
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos,
camina un cazador.
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Sol de invierno
Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
"¡El sol, esta hermosura
de sol!..." Los niños juegan.
El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.
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Una noche de verano
Una noche de verano
–estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa–
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
–ni siquiera me miró–,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. "¿Qué has hecho?"
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!
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Soñé
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
Soy una ladrona. Y otros Poemas Carlos Rivas Larrauri
Siñor Juez, qui no culpen a naiden
¡soy una ratera!
y qui no vaya a pagar algún otro
las culpas ajenas...
yo juí la qui anochi ¡robo esa muñeca!
No Señor, yo en jamas había robado,
yo siempre juí honrada y siempre juí güena
y manque haiga dijado de serlo
me siento tranquila y estoy satisfecha.
Verá asté siñor juez, tengo una hija
qui orita anda en siete años apenas,
y qui va pa seis meses la probe
está tan inferma del pecho
que pue qui ya pa estas horas
la jalle ya muerta...
Y la quero con toda el alma
y la quero con todas mis juerzas
y pa mí no hay cariño en el mundo
qui se pueda igualar con el di ella.
Dende qui hace ya un año mi viejo
se murió y nos dejó en la miseria,
no he sabido lo qui es un minuto
en qui no haya tenido, hartas penas,
en qui no haya tenido, hartas hambres,
y en qui no haya sufrido pobrezas.
Pues ayer qui fué cinco de enero
me dijo mi nena: mamá, mamacita,
me ha dicho chabela qui los Santos Reyes
esta nochi llegan, a trairles juguetes
a las niñas güenas,
y yo mamacita ¡quero una muñeca!
Una de esas rorritas tan chulas
qui cierran los ojos cuando las acuestan.
Si es cierto m'hija qui los Santos Reyes
esta nochi llegan,
a trairles juguetes a las niñas güenas,
pero solo les traen a las ricas
de las probes ¡no siempre se acuerdan!
mamá, eso no es cierto,
yo se qui los Reyes
nunca olvidan, ¡a las niñas güenas!
¡verás como vienen!
¡no quero dormirme, pa ver cuando llegan!
Pero luego , a poco qui la calentura
li acabó las juerzas,
se quedó dormidita y entonces
agarré el ribozo y di una carrera;
juí con la patrona di onde yo trabajo
haci arto tiempo como lavandera;
le pedí emprestados dos pesos cincuenta
y ella no me quizo emprestar ni un fierro;
salí rete muina de pena, pensando en m'hijita,
cuando en una pieza ondi no había naiden,
sobre una silla, vide una muñeca,
una de esas rorritas tan chulas
qui cierran sus ojos cuando las acuestan.
Me quedé mucho tiempo mirándola,
pensé qui con ella
m'hijita, ¡podría morirse contenta!...
y ya intonces no pude aguantarme
robé la muñeca y juí una ratera;
pero aquella noche m'hijita del alma
junto di su almohada ¡jalló una muñeca!
Siñor juez, qui no culpen a naiden
¡yo soy la ratera!
mándeme a la cárcel,
hagan lo qui queran;
Pero no he di decir onde vivo
ni manque me muera,
pos no quero que naide le quite
¡su rorra a mi nena!....
Harto se, qui no tiene remedio,
qui en tal vez ya horita
¡la probe esté muerta!
Pero quero qui muera tranquila,
tranquila y contenta,
con aquella carita qui puso
¡cuando vió la rorra junto di ella!
Y ora, ya lo saben,
Soy una ratera,
de mí hagan todito lo qui queran,
pero a m'hija, a m'hijita del alma
¡déjenla tranquila hasta qui se muera!
-------
EL MIL SETECIENTOS CINCO
¡EL número de la suerte...!
¡El mil setecientos cinco.. .!
¡ Quén quita y que se la saque,
merque siquera un cachito...!
¡ Fíjese en que suma trece
y es un número chulísimo...!
No sia'sté ansina, mi jefe,
yo sé bien lo que le digo... ¡
lo qu'es hoy le toca el premio
al mil setecientos cinco.. .!
Por su mamacita santa,
no sia'sté malo conmigo,
qu'en toditita la nochi
no he vendido ni un cachito
y manque ya son las doce,
no me he ganado ni quinto..
En l'ínter mi mamacita
está muy mala dialtiro,
y han d'estar chillando di hambre
mis otros cinco hermanitos,
pos yo, qui ora ando en diez años,
soy la mayor de los cinco...
No sia'sté malo, mi jefe,
y mérquemi usté un cachito..
¡Quién quita y que se la saque
el mil setecientos cinco!
Dende que, va pa cuatro años
que quedamos guerfanitos,
porque a mi güen siñor padre
nos lo mataron dialtiro
a la mala en un bodorrio
por culpa di un mal amigo,
dende'ntonces mesmamente
por Dios que no hemos sabido
lo qu'es pasar una nochi
sin qui haiga hambre o haiga frío...
Conque. . . ándeli usté, mi jefe,
juegue siquera un cachito...
¡ Verá como se la saca
el mil sestecientos cinco
No, patrón, yo no sé ler,
porque en jamás he podido ir a l'escuela...
Primero por cuidar mis hermanitos;
dimpués porque mi mamá quedó tullida
dialtiro de tanto andarse tallando
en eso de fregar pisos,
y ora... pos porqui hay qui andar
muncho pa ganarsi un quinto
y que no se muera di hambre
ni ella ni mis hermanitos...
Con qui ándeli usté patrón...
Le voy a dar un cachito...
¿Qué cosa dice, mi jefe...?
¿Qué no merca'sté un cachito...?
¿Qué lo quere todo intero?
¡Qué gueno es usté conmigo...!
Ansina, con estos jierros,
tendrán pan mis hermanitos,
mi mamacita su leche y yo...
¡ pos munchos cariños!
¡ Patrón, munchi'simas gracias!
¡ Munchas gracias, jefecito...!
¡ Dios quera que se la saque
el mil setecientos cinco...!
-------
Poema: Pue´que Me Rajara.
¿Que vaya yo a verla?... ¡Ni manque esté loco¡
¡Antes qu´ir a verla, primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m´importa qu´esté güena o mala;
yo no tenga culpa de lo que le pasa.
Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d´esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero, ya d´ella saber ni palabra.
Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre,
¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata...!
¿Pa´quén trabajando me pasaba el día?... ¿Pa´quén era todo lo que yo ganaba?..
¿Pa´quién mi cariño?... ¿Pa´quén mi costancia?..
Y aluego... ¿pa´qué? Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga...
Dendi antes, mucho antes qu´ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala;
yo vide clarito qu´estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.. Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada,
s´echó pa la calle... se tiró a la vida... y jue una de tantas...
Y ora qui han pasado dos años de qui anda
rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha;
ora qu´está probe; ora qu´está mala;
ora que no tiene quen si ocupe d´ella,
ni quén se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba,
ora es cuando qu~e que yo la perdone
y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas¡
¡Antes qu´ir a verla primero me matan!
Pero, oye, manito.. . aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya.
Llévaselos todos... llévaselos luego.
No vaya a ser cosa de que li hagan falta...
Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra...
No quero que sepa que mi ocupo d´ella,
No quero que sepa ni quén se los manda,
porque, si si alivia, pue ser qui algún día,
la muy atascada, si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias, y si viene a verme y en sus ojos prietos
-más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima,
pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma;
pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu´ella resollaba;
pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede... si ansina ricuerdo...
si miro en sus ojos siquera una lágrima...
antonces, mi cuate... ¿pa qué he d´engañarte?
Manque soy muy hombre... ¡pue que me rajara!
------------
EL MIL SETECIENTOS CINCO
¡EL número de la suerte...!
¡El mil setecientos cinco.. .!
¡ Quén quita y que se la saque,
merque siquera un cachito...!
¡ Fíjese en que suma trece
y es un número chulísimo...!
No sia'sté ansina, mi jefe,
yo sé bien lo que le digo... ¡
lo qu'es hoy le toca el premio
al mil setecientos cinco.. .!
Por su mamacita santa,
no sia'sté malo conmigo,
qu'en toditita la nochi
no he vendido ni un cachito
y manque ya son las doce,
no me he ganado ni quinto..
En l'ínter mi mamacita
está muy mala dialtiro,
y han d'estar chillando di hambre
mis otros cinco hermanitos,
pos yo, qui ora ando en diez años,
soy la mayor de los cinco...
No sia'sté malo, mi jefe,
y mérquemi usté un cachito..
¡Quién quita y que se la saque
el mil setecientos cinco!
Dende que, va pa cuatro años
que quedamos guerfanitos,
porque a mi güen siñor padre
nos lo mataron dialtiro
a la mala en un bodorrio
por culpa di un mal amigo,
dende'ntonces mesmamente
por Dios que no hemos sabido
lo qu'es pasar una nochi
sin qui haiga hambre o haiga frío...
Conque. . . ándeli usté, mi jefe,
juegue siquera un cachito...
¡ Verá como se la saca
el mil sestecientos cinco
No, patrón, yo no sé ler,
porque en jamás he podido ir a l'escuela...
Primero por cuidar mis hermanitos;
dimpués porque mi mamá quedó tullida
dialtiro de tanto andarse tallando
en eso de fregar pisos,
y ora... pos porqui hay qui andar
muncho pa ganarsi un quinto
y que no se muera di hambre
ni ella ni mis hermanitos...
Con qui ándeli usté patrón...
Le voy a dar un cachito...
¿Qué cosa dice, mi jefe...?
¿Qué no merca'sté un cachito...?
¿Qué lo quere todo intero?
¡Qué gueno es usté conmigo...!
Ansina, con estos jierros,
tendrán pan mis hermanitos,
mi mamacita su leche y yo...
¡ pos munchos cariños!
¡ Patrón, munchi'simas gracias!
¡ Munchas gracias, jefecito...!
¡ Dios quera que se la saque
el mil setecientos cinco...!
¡soy una ratera!
y qui no vaya a pagar algún otro
las culpas ajenas...
yo juí la qui anochi ¡robo esa muñeca!
No Señor, yo en jamas había robado,
yo siempre juí honrada y siempre juí güena
y manque haiga dijado de serlo
me siento tranquila y estoy satisfecha.
Verá asté siñor juez, tengo una hija
qui orita anda en siete años apenas,
y qui va pa seis meses la probe
está tan inferma del pecho
que pue qui ya pa estas horas
la jalle ya muerta...
Y la quero con toda el alma
y la quero con todas mis juerzas
y pa mí no hay cariño en el mundo
qui se pueda igualar con el di ella.
Dende qui hace ya un año mi viejo
se murió y nos dejó en la miseria,
no he sabido lo qui es un minuto
en qui no haya tenido, hartas penas,
en qui no haya tenido, hartas hambres,
y en qui no haya sufrido pobrezas.
Pues ayer qui fué cinco de enero
me dijo mi nena: mamá, mamacita,
me ha dicho chabela qui los Santos Reyes
esta nochi llegan, a trairles juguetes
a las niñas güenas,
y yo mamacita ¡quero una muñeca!
Una de esas rorritas tan chulas
qui cierran los ojos cuando las acuestan.
Si es cierto m'hija qui los Santos Reyes
esta nochi llegan,
a trairles juguetes a las niñas güenas,
pero solo les traen a las ricas
de las probes ¡no siempre se acuerdan!
mamá, eso no es cierto,
yo se qui los Reyes
nunca olvidan, ¡a las niñas güenas!
¡verás como vienen!
¡no quero dormirme, pa ver cuando llegan!
Pero luego , a poco qui la calentura
li acabó las juerzas,
se quedó dormidita y entonces
agarré el ribozo y di una carrera;
juí con la patrona di onde yo trabajo
haci arto tiempo como lavandera;
le pedí emprestados dos pesos cincuenta
y ella no me quizo emprestar ni un fierro;
salí rete muina de pena, pensando en m'hijita,
cuando en una pieza ondi no había naiden,
sobre una silla, vide una muñeca,
una de esas rorritas tan chulas
qui cierran sus ojos cuando las acuestan.
Me quedé mucho tiempo mirándola,
pensé qui con ella
m'hijita, ¡podría morirse contenta!...
y ya intonces no pude aguantarme
robé la muñeca y juí una ratera;
pero aquella noche m'hijita del alma
junto di su almohada ¡jalló una muñeca!
Siñor juez, qui no culpen a naiden
¡yo soy la ratera!
mándeme a la cárcel,
hagan lo qui queran;
Pero no he di decir onde vivo
ni manque me muera,
pos no quero que naide le quite
¡su rorra a mi nena!....
Harto se, qui no tiene remedio,
qui en tal vez ya horita
¡la probe esté muerta!
Pero quero qui muera tranquila,
tranquila y contenta,
con aquella carita qui puso
¡cuando vió la rorra junto di ella!
Y ora, ya lo saben,
Soy una ratera,
de mí hagan todito lo qui queran,
pero a m'hija, a m'hijita del alma
¡déjenla tranquila hasta qui se muera!
-------
EL MIL SETECIENTOS CINCO
¡EL número de la suerte...!
¡El mil setecientos cinco.. .!
¡ Quén quita y que se la saque,
merque siquera un cachito...!
¡ Fíjese en que suma trece
y es un número chulísimo...!
No sia'sté ansina, mi jefe,
yo sé bien lo que le digo... ¡
lo qu'es hoy le toca el premio
al mil setecientos cinco.. .!
Por su mamacita santa,
no sia'sté malo conmigo,
qu'en toditita la nochi
no he vendido ni un cachito
y manque ya son las doce,
no me he ganado ni quinto..
En l'ínter mi mamacita
está muy mala dialtiro,
y han d'estar chillando di hambre
mis otros cinco hermanitos,
pos yo, qui ora ando en diez años,
soy la mayor de los cinco...
No sia'sté malo, mi jefe,
y mérquemi usté un cachito..
¡Quién quita y que se la saque
el mil setecientos cinco!
Dende que, va pa cuatro años
que quedamos guerfanitos,
porque a mi güen siñor padre
nos lo mataron dialtiro
a la mala en un bodorrio
por culpa di un mal amigo,
dende'ntonces mesmamente
por Dios que no hemos sabido
lo qu'es pasar una nochi
sin qui haiga hambre o haiga frío...
Conque. . . ándeli usté, mi jefe,
juegue siquera un cachito...
¡ Verá como se la saca
el mil sestecientos cinco
No, patrón, yo no sé ler,
porque en jamás he podido ir a l'escuela...
Primero por cuidar mis hermanitos;
dimpués porque mi mamá quedó tullida
dialtiro de tanto andarse tallando
en eso de fregar pisos,
y ora... pos porqui hay qui andar
muncho pa ganarsi un quinto
y que no se muera di hambre
ni ella ni mis hermanitos...
Con qui ándeli usté patrón...
Le voy a dar un cachito...
¿Qué cosa dice, mi jefe...?
¿Qué no merca'sté un cachito...?
¿Qué lo quere todo intero?
¡Qué gueno es usté conmigo...!
Ansina, con estos jierros,
tendrán pan mis hermanitos,
mi mamacita su leche y yo...
¡ pos munchos cariños!
¡ Patrón, munchi'simas gracias!
¡ Munchas gracias, jefecito...!
¡ Dios quera que se la saque
el mil setecientos cinco...!
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Poema: Pue´que Me Rajara.
¿Que vaya yo a verla?... ¡Ni manque esté loco¡
¡Antes qu´ir a verla, primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m´importa qu´esté güena o mala;
yo no tenga culpa de lo que le pasa.
Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d´esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero, ya d´ella saber ni palabra.
Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre,
¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata...!
¿Pa´quén trabajando me pasaba el día?... ¿Pa´quén era todo lo que yo ganaba?..
¿Pa´quién mi cariño?... ¿Pa´quén mi costancia?..
Y aluego... ¿pa´qué? Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga...
Dendi antes, mucho antes qu´ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala;
yo vide clarito qu´estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.. Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada,
s´echó pa la calle... se tiró a la vida... y jue una de tantas...
Y ora qui han pasado dos años de qui anda
rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha;
ora qu´está probe; ora qu´está mala;
ora que no tiene quen si ocupe d´ella,
ni quén se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba,
ora es cuando qu~e que yo la perdone
y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas¡
¡Antes qu´ir a verla primero me matan!
Pero, oye, manito.. . aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya.
Llévaselos todos... llévaselos luego.
No vaya a ser cosa de que li hagan falta...
Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra...
No quero que sepa que mi ocupo d´ella,
No quero que sepa ni quén se los manda,
porque, si si alivia, pue ser qui algún día,
la muy atascada, si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias, y si viene a verme y en sus ojos prietos
-más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima,
pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma;
pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu´ella resollaba;
pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede... si ansina ricuerdo...
si miro en sus ojos siquera una lágrima...
antonces, mi cuate... ¿pa qué he d´engañarte?
Manque soy muy hombre... ¡pue que me rajara!
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EL MIL SETECIENTOS CINCO
¡EL número de la suerte...!
¡El mil setecientos cinco.. .!
¡ Quén quita y que se la saque,
merque siquera un cachito...!
¡ Fíjese en que suma trece
y es un número chulísimo...!
No sia'sté ansina, mi jefe,
yo sé bien lo que le digo... ¡
lo qu'es hoy le toca el premio
al mil setecientos cinco.. .!
Por su mamacita santa,
no sia'sté malo conmigo,
qu'en toditita la nochi
no he vendido ni un cachito
y manque ya son las doce,
no me he ganado ni quinto..
En l'ínter mi mamacita
está muy mala dialtiro,
y han d'estar chillando di hambre
mis otros cinco hermanitos,
pos yo, qui ora ando en diez años,
soy la mayor de los cinco...
No sia'sté malo, mi jefe,
y mérquemi usté un cachito..
¡Quién quita y que se la saque
el mil setecientos cinco!
Dende que, va pa cuatro años
que quedamos guerfanitos,
porque a mi güen siñor padre
nos lo mataron dialtiro
a la mala en un bodorrio
por culpa di un mal amigo,
dende'ntonces mesmamente
por Dios que no hemos sabido
lo qu'es pasar una nochi
sin qui haiga hambre o haiga frío...
Conque. . . ándeli usté, mi jefe,
juegue siquera un cachito...
¡ Verá como se la saca
el mil sestecientos cinco
No, patrón, yo no sé ler,
porque en jamás he podido ir a l'escuela...
Primero por cuidar mis hermanitos;
dimpués porque mi mamá quedó tullida
dialtiro de tanto andarse tallando
en eso de fregar pisos,
y ora... pos porqui hay qui andar
muncho pa ganarsi un quinto
y que no se muera di hambre
ni ella ni mis hermanitos...
Con qui ándeli usté patrón...
Le voy a dar un cachito...
¿Qué cosa dice, mi jefe...?
¿Qué no merca'sté un cachito...?
¿Qué lo quere todo intero?
¡Qué gueno es usté conmigo...!
Ansina, con estos jierros,
tendrán pan mis hermanitos,
mi mamacita su leche y yo...
¡ pos munchos cariños!
¡ Patrón, munchi'simas gracias!
¡ Munchas gracias, jefecito...!
¡ Dios quera que se la saque
el mil setecientos cinco...!
Poema Pue´que Me Rajara. Carlos Rivas Larrauri
¿Que vaya yo a verla?... ¡Ni manque esté loco¡
¡Antes qu´ir a verla, primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m´importa qu´esté güena o mala;
yo no tenga culpa de lo que le pasa.
Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d´esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero, ya d´ella saber ni palabra.
Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre,
¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata...!
¿Pa´quén trabajando me pasaba el día?... ¿Pa´quén era todo lo que yo ganaba?..
¿Pa´quién mi cariño?... ¿Pa´quén mi costancia?..
Y aluego... ¿pa´qué? Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga...
Dendi antes, mucho antes qu´ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala;
yo vide clarito qu´estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.. Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada,
s´echó pa la calle... se tiró a la vida... y jue una de tantas...
Y ora qui han pasado dos años de qui anda
rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha;
ora qu´está probe; ora qu´está mala;
ora que no tiene quen si ocupe d´ella,
ni quén se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba,
ora es cuando qu~e que yo la perdone
y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas¡
¡Antes qu´ir a verla primero me matan!
Pero, oye, manito.. . aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya.
Llévaselos todos... llévaselos luego.
No vaya a ser cosa de que li hagan falta...
Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra...
No quero que sepa que mi ocupo d´ella,
No quero que sepa ni quén se los manda,
porque, si si alivia, pue ser qui algún día,
la muy atascada, si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias, y si viene a verme y en sus ojos prietos
-más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima,
pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma;
pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu´ella resollaba;
pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede... si ansina ricuerdo...
si miro en sus ojos siquera una lágrima...
antonces, mi cuate... ¿pa qué he d´engañarte?
Manque soy muy hombre... ¡pue que me rajara!
¡Antes qu´ir a verla, primero me matan!
Pa mi, como muerta;
a mí no m´importa qu´esté güena o mala;
yo no tenga culpa de lo que le pasa.
Y... mira, mi cuate, por lo que más queras,
no güelvas a hablarme d´esa desgraciada;
ni quero oir su nombre,
ni quero, ya d´ella saber ni palabra.
Tu sabes, mi hermano, que yo la quería con todita mi alma;
harto a ti te costa qui a naide en el mundo, crioque ni a mi madre,
¡ni a mi madre santa he querido tanto como a aquella ingrata...!
¿Pa´quén trabajando me pasaba el día?... ¿Pa´quén era todo lo que yo ganaba?..
¿Pa´quién mi cariño?... ¿Pa´quén mi costancia?..
Y aluego... ¿pa´qué? Dimpués de todo eso, ya vites, manito, cómo jue la paga...
Dendi antes, mucho antes qu´ella se largara,
yo vide clarito que ya mi cariño no le daba di ala;
yo vide clarito qu´estaba a desgusto; ya no era la mesma mujer de su casa;
ya era sólo el lujo lo qué le cuadraba.. Y como soy probe,
y pa ella era poco lo que yo ganaba, no quiso la indina seguir siendo honrada,
s´echó pa la calle... se tiró a la vida... y jue una de tantas...
Y ora qui han pasado dos años de qui anda
rodando y rodando mesmamente como si juega hilacha;
ora qu´está probe; ora qu´está mala;
ora que no tiene quen si ocupe d´ella,
ni quén se priocupe de lo que le pasa;
ora que ricuerda que cuando era guena nada le faltaba,
ora es cuando qu~e que yo la perdone
y que vaya a verla, pero... ¡qué esperanzas¡
¡Antes qu´ir a verla primero me matan!
Pero, oye, manito.. . aguárdati un pelo;
hazme una valona antes que te vayas; di ai sobre la mesa agarra esos jierros,
son los de mi raya.
Llévaselos todos... llévaselos luego.
No vaya a ser cosa de que li hagan falta...
Pero eso sí; júrame que no has de decirle de mí una palabra...
No quero que sepa que mi ocupo d´ella,
No quero que sepa ni quén se los manda,
porque, si si alivia, pue ser qui algún día,
la muy atascada, si alcanzara el punto de venir a verme
pa darme las gracias, y si viene a verme y en sus ojos prietos
-más prietos que su alma-, deviso que bulle siquera una lágrima,
pue que me ricuerde de cuando la quise con todita mi alma;
pues que me ricuerde que sólo vivía resollando el aigre qu´ella resollaba;
pue ser que de nuevo me buiga esta cháchara,
y manque he jurado que nada ni naide,
por nada del mundo, mi hará perdonarla,
si ansina sucede... si ansina ricuerdo...
si miro en sus ojos siquera una lágrima...
antonces, mi cuate... ¿pa qué he d´engañarte?
Manque soy muy hombre... ¡pue que me rajara!
Poema Porque Me Quité Del Vicio de Carlos Rivas Larrauri
No es por hacerles desaigre…
Es que ya no soy del vicio…
Astedes mi lo perdonen,
pero es qui hace más de cinco
años que no tomo copas,
onqui ande con los amigos…
¿Qué si no me cuadra?…¡Harto!
Pa que he di hacerme el santito:
he sido reteborracho;
¡como pocos lo haigan sido!
¡Perora si ya no tomo,
manque me lleven los pingos!
Dendi antes que me casara
encomencé con el vicio;
y, aluego, ya de casado
también le tupí macizo…
¡Probecita de mi vieja!
¡Tan güena siempre conmigo…!
¡Por más que l´hice sufrir
nunca me perdió el cariño!
Era una santa la probe,
y yo con ella un endino;
nomás porque no sufriera
llegué a quitarme del vicio,
pero, poco duró el gusto,
la de malas se nos vino
y una nochi redepente,
quedó com´un pajarito.
Dicen que juel corazón…
Yo no sé lo que haiga sido;
pero sento en la concencia
que jue mi vicio cochino
el quizo que nos dejara
solitos a mí y a m´hijo,
¡un chilpayate di ocho años
que quedaba güerfanito
a ledá en qui hace más falta
la madre con su cariño!
Me sentí disesperado
de verme solo con mhijo…
¡Probecita criaturita!
Mal cuidado…mal vestido
sempre solo…¡Ricordando
al ángel que´bia perdido!
Entonces pa´no pensar
golvi a darle recio al vicio,
porque poniéndome chuco,
me jallaba más tranquilo,
y cuando yastaba briago
y casi jueras de juicio,
parece que mi dijunta
taba allí, ¡junto conmigo!
Al salir de mi trabajo
m´iba yo con los amigos,
y, aluego, ya a medios chiles,
mercaba yo harto refino
y regresaba a mi casa
onde mi aguardaba m´hijo;
y allí, ¡duro!, trago y trago,
hasta ponerme bien pítimo…
¡Y aistaba la tarugada!
Ya endinantes les he dicho
lueguito vía a mi vieja
que llegaba a hablar conmigo
y encomenzaba a decirme
cosas de mucho cariño,
y yo, a contestar con ella,
como si fuera dialtiro
cierto lo questaba viendo,
en tan mientras que mhijo
si abrazaba a mi asustado
diciéndome el probe niño:
«¿Onde está mi mamacita?
Dime on tá, papacito…
¿Es verdad que testá hablando?
¿Cómo yo no la deviso…?»
«Pos qué no la ve, tarugo,
¡vaye que li haga cariños!»
¡Y el probecito lloraba
y pelaba sus ojitos
buscando ritiasustado
a aquella a quen tanto quiso…!
Una noche, al regresar
destarle dando al oficio,
llego y, al abrir la puerta,
¡ay Jesús, lo que deviso!
Hecho bola sobre el suelo,
taba tirado mi niño,
risa y risa comun loco,
y pegando chicos gritos…
«¿Qué te pasa?…¿Qué sucede…?
¿Ti has güelo loco dialtiro…?»
Pero intonces, en la mesa,
videl frasco del refino,
que yo bia dejado lleno,
enteramente vacío.
Luego luego me di cuenta
y me puse retemuino:
«¿Qui has hecho, escuincle malvado»
¡Ya bebites el refino…!
«¡Paqui aprendas a ser güeno,
voy a romperte l´hocico…!»
Y luego con harto susto
que l´hizo golver al juicio,
y con una voz di angustia
que no he di olvidar, me dijo:
«¡No me pegues…no me pegues…!
No soy malo, papacito.
¡Jue pa ver a mi mamita
como cuando habla contigo!
¡Jue pa quella me besara
y mhiciera hartos cariños!»
Dendentonces ya no tomo
onqui ande con los amigos…
No es por hacerles desaigre,
pero ya no soy del vicio…
Y cuando quiero rajarme
porque siento el gusanito,
de tomarme alguna copa,
nomás mi acuerdo de mhijo
y entonces si ya no tomo
¡manque me lleven los pingos…!
Es que ya no soy del vicio…
Astedes mi lo perdonen,
pero es qui hace más de cinco
años que no tomo copas,
onqui ande con los amigos…
¿Qué si no me cuadra?…¡Harto!
Pa que he di hacerme el santito:
he sido reteborracho;
¡como pocos lo haigan sido!
¡Perora si ya no tomo,
manque me lleven los pingos!
Dendi antes que me casara
encomencé con el vicio;
y, aluego, ya de casado
también le tupí macizo…
¡Probecita de mi vieja!
¡Tan güena siempre conmigo…!
¡Por más que l´hice sufrir
nunca me perdió el cariño!
Era una santa la probe,
y yo con ella un endino;
nomás porque no sufriera
llegué a quitarme del vicio,
pero, poco duró el gusto,
la de malas se nos vino
y una nochi redepente,
quedó com´un pajarito.
Dicen que juel corazón…
Yo no sé lo que haiga sido;
pero sento en la concencia
que jue mi vicio cochino
el quizo que nos dejara
solitos a mí y a m´hijo,
¡un chilpayate di ocho años
que quedaba güerfanito
a ledá en qui hace más falta
la madre con su cariño!
Me sentí disesperado
de verme solo con mhijo…
¡Probecita criaturita!
Mal cuidado…mal vestido
sempre solo…¡Ricordando
al ángel que´bia perdido!
Entonces pa´no pensar
golvi a darle recio al vicio,
porque poniéndome chuco,
me jallaba más tranquilo,
y cuando yastaba briago
y casi jueras de juicio,
parece que mi dijunta
taba allí, ¡junto conmigo!
Al salir de mi trabajo
m´iba yo con los amigos,
y, aluego, ya a medios chiles,
mercaba yo harto refino
y regresaba a mi casa
onde mi aguardaba m´hijo;
y allí, ¡duro!, trago y trago,
hasta ponerme bien pítimo…
¡Y aistaba la tarugada!
Ya endinantes les he dicho
lueguito vía a mi vieja
que llegaba a hablar conmigo
y encomenzaba a decirme
cosas de mucho cariño,
y yo, a contestar con ella,
como si fuera dialtiro
cierto lo questaba viendo,
en tan mientras que mhijo
si abrazaba a mi asustado
diciéndome el probe niño:
«¿Onde está mi mamacita?
Dime on tá, papacito…
¿Es verdad que testá hablando?
¿Cómo yo no la deviso…?»
«Pos qué no la ve, tarugo,
¡vaye que li haga cariños!»
¡Y el probecito lloraba
y pelaba sus ojitos
buscando ritiasustado
a aquella a quen tanto quiso…!
Una noche, al regresar
destarle dando al oficio,
llego y, al abrir la puerta,
¡ay Jesús, lo que deviso!
Hecho bola sobre el suelo,
taba tirado mi niño,
risa y risa comun loco,
y pegando chicos gritos…
«¿Qué te pasa?…¿Qué sucede…?
¿Ti has güelo loco dialtiro…?»
Pero intonces, en la mesa,
videl frasco del refino,
que yo bia dejado lleno,
enteramente vacío.
Luego luego me di cuenta
y me puse retemuino:
«¿Qui has hecho, escuincle malvado»
¡Ya bebites el refino…!
«¡Paqui aprendas a ser güeno,
voy a romperte l´hocico…!»
Y luego con harto susto
que l´hizo golver al juicio,
y con una voz di angustia
que no he di olvidar, me dijo:
«¡No me pegues…no me pegues…!
No soy malo, papacito.
¡Jue pa ver a mi mamita
como cuando habla contigo!
¡Jue pa quella me besara
y mhiciera hartos cariños!»
Dendentonces ya no tomo
onqui ande con los amigos…
No es por hacerles desaigre,
pero ya no soy del vicio…
Y cuando quiero rajarme
porque siento el gusanito,
de tomarme alguna copa,
nomás mi acuerdo de mhijo
y entonces si ya no tomo
¡manque me lleven los pingos…!
El romance de la niña negra. Luis Cané
Luis Cané, escritor argentino nacido en Mercedes el 1 de marzo de 1897 y fallecido el 1 de marzo de 1957.
Destacó como poeta, aunque también escribió prosa (Marido para mi hermanita y El amor de las muchachas) y teatro (Vanidad, La mujer que yo he soñado, y Un agujero para mirar el cielo, las tres estrenadas en el Teatro del Pueblo).
Debutó con, Mal estudiante en 1925, donde desarrolla ya su estilo travieso, despreocupado, juvenil, adolescente. Con Romancero del Río de la Plata (1936), Cancionero de Buenos Aires (1937), y Nuevos romances y cantares de la colonia (1938), elabora una entrañable oda a Buenos Aires.
Su poesía estuvo influida por el Siglo de oro español, sobre todo por Quevedo, Góngora y Lope de Vega
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.
Un erguido moño blanco
decoraba su cabeza;
collares de cuentas rojas
al cuello le daban vueltas.
Las otras niñas del barrio
juegan en la vereda;
las otras niñas del barrio
no quieren jugar con ella.
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un silencio sin lágrimas,
lloraba la niña negra....
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un féretro de pino
reposa la niña negra.
A la presencia de Dios
un ángel blanco la lleva;
la niña negra no sabe
si ha de estar triste o contenta.
Dios la mira dulcemente,
le acaricia la cabeza
y hermosas alas blancas
a sus espaldas sujeta.
Los dientes de mazmorra
brillan en la niña negra.
Dios llama a los ángeles
y dice: ¡Jugad con ella!.
Destacó como poeta, aunque también escribió prosa (Marido para mi hermanita y El amor de las muchachas) y teatro (Vanidad, La mujer que yo he soñado, y Un agujero para mirar el cielo, las tres estrenadas en el Teatro del Pueblo).
Debutó con, Mal estudiante en 1925, donde desarrolla ya su estilo travieso, despreocupado, juvenil, adolescente. Con Romancero del Río de la Plata (1936), Cancionero de Buenos Aires (1937), y Nuevos romances y cantares de la colonia (1938), elabora una entrañable oda a Buenos Aires.
Su poesía estuvo influida por el Siglo de oro español, sobre todo por Quevedo, Góngora y Lope de Vega
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.
Un erguido moño blanco
decoraba su cabeza;
collares de cuentas rojas
al cuello le daban vueltas.
Las otras niñas del barrio
juegan en la vereda;
las otras niñas del barrio
no quieren jugar con ella.
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un silencio sin lágrimas,
lloraba la niña negra....
Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un féretro de pino
reposa la niña negra.
A la presencia de Dios
un ángel blanco la lleva;
la niña negra no sabe
si ha de estar triste o contenta.
Dios la mira dulcemente,
le acaricia la cabeza
y hermosas alas blancas
a sus espaldas sujeta.
Los dientes de mazmorra
brillan en la niña negra.
Dios llama a los ángeles
y dice: ¡Jugad con ella!.
Poema Ebriedad De Dios. Luis Armenta Malpica

Luis Armenta Malpica.Escritor mexicano.Nació en la ciudad de México en 1961 pero radica en Guadalajara, Jalisco desde 1975. Ha ganado diversos reconocimientos nacionales e internacionales en poesía, cuento y novela Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Poesía de Nayarit (1994) y el Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura (1996). Director de Mantis editores. Ganador de casi cuarenta reconocimientos nacionales e internacionales en poesía, cuento y novela, entre los que destacan los premios “Clemencia Isaura”, “Efraín Huerta”, “Ramón López Velarde”, “Alí Chumacero”, “Benemérito de América”, “Amado Nervo” e iberoamericano de poesía “Continentes”. Expremio de poesía Aguascalientes, en 1996. Autor de 12 poemarios publicados: Voluntad de la luz, Cantara, Terramar, Des(as)cendencia, Vino de mujer, Nombradía _desde el hielo anterior, Ebriedad de Dios, Luz de los otros, Ciertos milagros laicos, La pureza inaugural, Mundo Nuevo, mar siguiente y Sangrial. Traductor de Éric Roberge, Dominique Lauzon, Élise Turcotte, Jean-Marc Desgent y André Roy. Su trabajo narrativo, poético y de ensayo aparece en diversas antologías (en inglés, francés, italiano, ruso y español) de México, EU, Italia, Rusia, Argentina y Chile.
Poema Ebriedad de Dios (3)
Jamás voy sola a misa;
me llevo los pecados de mi esposo
y su esposa, uno o dos
de mis hijas, alguno de mi hermano
todos los de mi madre…
hasta llenar el bolso que hace juego conmigo.
Y Dios, distante y sin moverse
parece consternado ante mis confesiones.
Rezo en latín -como hacen las mujeres pecadoras-
y en español castizo, un sacerdote
(sin mirarme a los ojos)
me da por penitencia un par de aves marías
que lanzo, pronta, al vuelo.
En casa
sin bolso ni tacones
me sirvo alguna copa de aguardiente
y observo largo rato un crucifijo.
Y sé que a Dios tampoco le hace gracia
el que vivamos juntos.
(Este poema obtuvo el primer lugar de los Juegos Florales Nacionales de Santiago Ixcuintla, Nayarit, en 1997).
Poema Ebriedad De Dios (1)
de Luis Armenta Malpica
Uno vuelve, siempre, a los viejos sitios
donde amó la vida.
César Icella
Esa tristeza lenta del recuerdo
se nos va desdoblando por la cara.
Y en lugar de los ojos
se humedecen dos profundas hogueras
en donde alguna vez frotamos nuestras manos
con las de un ser querido.
Entonces el amor era un barril de pólvora.
Una mecha muy corta nos unía.
Nuestra casa era un papel periódico
con un asombro nuevo en las noticias.
Pero llegó la lluvia y sus relámpagos.
Las hojas de la casa no fueron suficientes para formar un barco
que nos sacara a flote.
Intenté resistir escribiendo en las hojas nuestra casa quemada.
Naufragué por mis dedos.
Luego encontré en el vino las múltiples razones
para escapar de todo:
de mi madre y mis hijas, de ti
mi propia sombra.
Era increíble ver que en un vaso cupieran
la luz que yo buscaba, y el fondo
inacabable
de lo que yo no quise.
Me alejé de la lumbre
para hallar en los hielos que enfriaban mis angustias
un barrio conocido.
Allí, dueña de las paredes, las sábanas del vino me negaban los cláxones
el timbre del teléfono
el puño que golpeaba mi nombre por la puerta:
el contacto caliente con el piso.
Yo solo pedía tiempo, no a Dios.
Le pedí alguna calle, otra lepra en un vaso
otra memoria.
Me fui acabando entera
sin terminar el vaso ¾tan lleno¾ de mi vida.
Lenta, en verdad, la vida
a pesar del galope del inicio.
Apuro lo que bebo
y no se acaba
al contrario: es más lo que me culpa.
Cada uno se despide del mundo
como puede…
Yo pretendo el sigilo, para no avergonzarme
de no enfrentar los ojos de los tantos que me aman.
El vino es otra herida
inflamatoria
para que el hombre sepa de la muerte.
Sin embargo, cuando empiezo a morirme
Dios hace mucho ruido
y me despierta.
Y en lugar de ir a la cocina por un vaso
voy a la habitación de mis tres hijas, para mirar si duermen…
y besarlas, si puedo.
Poema Ebriedad De Dios (2)
de Luis Armenta Malpica
De niña me enseñaron que yo era una manzana
y el hombre era el cuchillo.
Las mujeres teníamos que lograr que nos pelaran
se hundieran hasta el mango en nuestra carne
y le dieran salida a las semillas.
Ya en espiral
-con nuestra piel deforme, oscura por el tiempo-
el amor podía ser algún mordisco
un apretar los dientes
y ser mujer
callando…
Pero yo no callaba… me decía en los poemas.
A golpes -como aprendió su madre-
fue lección de mi madre: la cocina es el mundo
de la mujer que calla.
Entre especias, vinagres y embutidos
esa dulce manzana de mi vida se llenó de gusanos.
No callaba: mis hijas me costaron, cuando menos, un grito.
El amor, esa lata carísima
se quedó en la alacena.
Un día, por buscarle acomodo al aguardiente
lo tiré a la basura.
Sé lo que hacen los lazos en todas las mujeres
aunque sean familiares.
Al encender el horno (¡ay, Sylvia Plath, te envidio!)
al picar la cebolla
lo recuerdo…
Las profundas estrías de la garganta
son mi paso de Dios
a la intemperie.
Perdí mi casa
cuando llegó el alcohol como el mesías.
Después perdí a mis hijas, una a una.
Pero rezaba, así, como callando: «Señor, esta es tu sangre…»
Tu madre se nos muere
les digo a mis tres hijas, luego de cada sorbo.
Ellas tan solo lloran, muy quedito
como diciendo: ¿cuándo!
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