domingo, 28 de diciembre de 2014

Poemas. Letras vestidas. Ramón Triay Pedrero

Calesa de mi provincia

Calesa de mi provincia
tienes olor a nostalgia,
tienes la dulce fragancia
de la añoranza sentida.
Cascabel de callejuelas
del dulce ayer de mi vida,
realidad casi perdida
del presente de mi tierra.

Cuando te encuentro a mi paso
y me detengo a mirarte
tu cochero en el pescante
brida y chicote en la mano,
siento tu ayer tan lejano
pero a la vez tan presente
que vivo en mi loca mente
todo tu encanto pasado;
Cuando al rítmico trotar
de un palomo engalanado
iba en ti un enamorado
la serenata a llevar.

Hoy que está casi olvidado
todo tu encanto de ayer,
de tu rítmico vaivén
¡sigo estando enamorado!


Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Luis Felipe Caro.
Ganadora del segundo lugar en Festival Musical
del Banco del Atlántico. 1979. Mérida, Yucatán


Seré como el viento

No hay una senda precisa
para llegar a la cima
ni hay un punto de partida
para triunfar en la vida.

Yo soy feliz a mi modo
navegando con el viento
y ha nadie he de complacer
atando mi barca al puerto.

Yo disfruto a mis amigos
compartiendo amaneceres
y hago a un lado a quien le imponga
un horario a mis quehaceres.

¿Quién goza más de la vida?
quien bien vive lo que tiene
o aquel que escala montañas
y no disfruta la nieve.

Caminaré por la vida
sin buscar senda segura,
sé que la seguridad
tiene un nombre “sepultura”.

Disfrutaré mi momento
con lo dulce y con lo amargo
y así aunque pase de largo
mi nombre lo dirá el viento.

¿Quién goza más de la vida?
quien bien vive lo que tiene
o aquel que escala montañas
y no disfruta la nieve.

Ramón A. Triay Pedrero
Música: Willy Burgos


Chetumal

Te quiero Chetumal, cómo te quiero,
como jamás imaginé llegar a hacerlo
te quiero por el sol con que iluminas
el rasgado mirar de tus anhelos.

Amo el fértil valle de tu cuerpo
y de tus cerros esas curvas suaves
a tus lunas de amor de otoño eterno
tus mujeres, tus lagunas y tus valles.

Te quiero Chetumal de selva y trino
de pájaros cantores y tucanes
de besos de la brisa en tus manglares
y de tardes de amor en tu bahía.

Santuario de sirénidos que encuentran
la paz en tus estuarios tan serenos,
puso sus manos Dios en tus espejos
y sobre el agua retrató tus cielos.

Te quiero Chetumal de miel y flores
por lo que tienes de maya y del mestizo
del bucanero inglés y del castizo,
¡Te quiero Chetumal de mis amores!


Ramón Alberto Triay Pedrero
y Sr. Andrés Canul.
Música de Armando García.


Te será difícil

Te será difícil aceptar que nunca cumpliste conmigo,
te será difícil aceptar que solo me diste dolor,
y será muy tarde, cuando te arrepientas no estaré contigo
y al pasar el tiempo hallaré otros brazos, que me den amor.

Te será difícil olvidar mis besos mal correspondidos,
te será difícil contarle a la gente de tu desamor,
ojalá no tengas de que arrepentirte por lo que me hiciste,
y que cuando quieras, encuentres de veras, verdadero amor.

Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Pedro Chablé


Cualquiera pensaría

Todas las mañanas
gozo amanecer contigo,
todas las mañanas
vibra de pasión mi Ser.
Y es que tú con tus maneras
siempre enciendes ansias nuevas
matizando en mil colores mi existir.

Cada amanecer disfruto
de vivir contigo,
cada atardecer anhelo
perpetuar tu amor,
y es que a pesar de los años
no han habido desengaños
y has sabido prolongar mi juventud.

Cualquiera pensaría que tú
pudieras ser mi amante
al ver la forma en que me besas
en cualquier instante,
cualquiera pensaría que tú,
juegas otro papel,
más quiero que este mundo sepa
que eres mi mujer.

Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Willy Burgos


¿Dónde está el canto?

Preguntaba gente ajena:
¿Por qué se da tan frecuente
el amor por la canción
en esta mi tierra buena?

Y yo le digo a la gente
Con la frecuencia que requiere,
“Por lo que a mí concierne
la canción se da a quien quiere”

Cuando el viejo platicaba
cosas que dijo el abuelo,
decía que para ir al cielo
hay que aprender a volar…
y yo, monté una quimera
del horizonte hasta el mar…

Y supe en forma inconciente
que, para poder cantar
y sentir lo que se canta
no hay que ser de tierra santa
sino aprender a escuchar.

¡Vamos, vístete de lunas!
O desbórdate en las sombras
¡Que el canto no está en la alondra
sino en quien lo sabe hallar!


Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Dr. José Novelo


El canto de mi ciudad

Mi ciudad está creciendo
ya la vida no es igual
todo es humo todo es tiempo,
¿Quién se acuerda de cantar?

Mi ciudad está creciendo
mi ciudad tan musical
ahora parece un lamento
aquel su dulce cantar.

El reloj municipal
parece andar más de prisa
y en los arcos del portal
ya no se escucha la brisa.

Aquella chica sonriente
que a diario veía pasar
ya se perdió entre la gente
nadie sabe a dónde va.

Ya no se escucha el pregón
del señor de las horquetas
pero, si ya no hay veletas,
ni casas con corredor.

Mas tiene una ley la vida
todo cambia, nada muere,
por grande que sea la herida
llega el día en que no se siente.

Por eso es triste pensar
que muy pronto aquella gente
queriéndose o no adaptar
todo aceptará inconsciente.

Trovador aunque estés triste
¡nunca dejes de cantar!
¡toma el alma de mi gente
y hazle un canto a mi ciudad!

Canción: Letra y música
Ramón Alberto Triay Pedrero.
Ganadora de la Eglantina de Oro en los Juegos Florales en 1976. Mérida.


Figura de canela

Porque te sabes deseada
disfrutas observar sobre tus hombros
la mirada febril de quien te añora,
figura de canela codiciada.

La cadencia sensual de tus andares
enciende mil promesas en el viento
casi sacro tu olor, hueles a incienso
a brisa tropical y a flamboyanes.

¡Hay morena! quien pudiera
mirarte y respirarte en los ocasos
y poderse dormir en tu regazo.

¡Hay! morena, quien pudiera
compartir tu lecho en la alborada
y morirse de amor en ese abrazo.

Ramón Alberto Triay Pedrero. Sept. 2008
Música de Armando García.


Hermana del Caribe
( de Yucatán a Cuba )


Brazo de sangre caliente
de mi tierra mexicana
que se adentra en las espumas
de aguas antillas doradas.

Brazo que al sol extendido
tiende un puente al Son Montuno
a mi República hermana
por el tabaco y la caña.

Sobre las olas saladas
de ese caribe que canta,
que se queja, que enamora
bajo sus lunas plateadas.
Penachos de cocoteros
le roban el ritmo al viento
para ponerse a cantar
Son, Rumba y suave bolero.

Pedazo de continente
que va en busca de una perla
en la turquesa engarzada
como emplumada serpiente.
Sangre criolla que se abraza
al mestizaje, en el ritmo
de la maraca, el bongó,
la guitarra y el tresillo.

Sobre las olas saladas
de ese Caribe que canta,
que se queja, que enamora
bajo sus lunas plateadas.
Penachos de cocoteros
le roban el ritmo al viento
para ponerse a cantar
Son, Rumba y suave bolero.

Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Gustavo López



Dulce Abuela

Solo quisiste ser tu parte santa
solo supiste ser tu parte eterna,
y solo pudo ser tu amor de madre
lo que hoy te acerca a Dios y te alimenta.

Un día te vi mujer aquí a mi lado
llegaste sin fijarte en mis defectos
tú fuiste perfección, yo equivocado
y tú me regalaste tus afectos.

¿Qué más puedo pedir aquí en la tierra?
si por tenerte a ti ya tengo el cielo
y todo aquello que mi ser anhela,

Fuiste tú el amor soñado en primavera
y luego el amor que maduró a mi lado
y hoy eres madre, mujer y dulce abuela.

Ramón Alberto Triay Pedrero.
Música: Armando García


Me están ganando las ganas.

Me están ganando las ganas
de detenerte aquí a mi lado,
me están ganando las ganas
de regresarme al pasado.

De besarte nuevamente
textualmente como ayer
de la punta de tu pelo
a la planta de tus pies.

Me están ganando las ganas
de regresarme a tu mundo
sumergirme en lo profundo
de tus húmedas mañanas.

Me están ganando las ganas
y creo que lo voy a hacer
al fin y al cabo morena
por algo eres mi mujer.

Me están ganando las ganas
textualmente…como ayer

Abril 2009
Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Armando García


Me estoy volviendo a enamorar

Es como restaurar la vieja casa
a la que un día le dimos nuestro empeño,
es como resembrar aquellos prados
que regamos a diario con los sueños.

Después de aquellos tiempos de tormenta
de sequías prolongadas , de carencias,
de hablar en otra lengua de silencios;
hoy nos llega el otoño en nueva cuenta.

Y hay tanto de que hablar, que no se hablaba
y hay tanto para amar, que no se amaba
y aunque parezca loco lo que siento
aunque parezca viejo, en el intento…
sé que me estoy volviendo a enamorar.


12 de febrero de 2008
Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Armando García


Mis madrugadas

Cómo recuerdo lindas mis madrugadas
muchas sonrisas francas y una guitarra,
vasos llenos de vino bajo las bancas
y la tímida luna que nos miraba.

Algunos trasnochados que se acercaban
se unían a nuestra fiesta desafinada,
cada quien conversa de sus amores
y es que todos queríamos ser trovadores.

Cómo es corta la noche cuando se vive
y terco es ese sol que nos amanece,
que poco dura ese vino cuando se apura
y el trino de los pájaros amanece.

Esperaré con ansia mis madrugadas
de sonrisas, de vino, de tantas cosas
y otra vez cantaremos a la alborada
para compartir sueños, rimas y prosas.


Ramón Alberto Triay Pedrero. junio 2009
Música: Armando García


Noche a noche

Noche a noche compartimos una almohada
día con día compartimos la alborada,
y todavía siento en mis venas
la inmensa fiebre de aquel amor,
hoy como entonces
tu ser habita mi corazón.

Noche a noche compartimos algo nuevo
día con día inventamos algún juego,
y todavía siento en mis labios
el mismo dulce de tu besar,
hoy como entonces
Cariño mío, hoy como ayer.

Canción: letra y música Ramón Triay Pedrero


Qué fácil es

Qué fácil fue quererte todo el tiempo
que he pasado aquí a tu lado
qué fácil fue contarle a todo el mundo
que estoy muy enamorado.

Me has llenado los años
de tantas bendiciones
que le has dado motivo
a todas mis canciones.

Me has llenado los sueños
más locos de la vida
perpetuando mi sangre
descendencia querida.

Qué fácil es decirte que hoy te quiero
de otra forma pero más,
qué fácil es tu nombre si algo falta
tu presencia y nada más.

Abril 2009
Ramón Alberto Triay Pedrero
Música : Armando García


Adorando sombras

Cada madrugada de mi vida sola
añoro el suspiro de aquellas tus horas
en cada latido del reloj del cuarto
oigo palpitares que me dicen algo.

Cada noche a solas se agrietan mis horas
las sábanas sudan y la piel se moja
la lámpara oscila, el tiempo se atora,
y un reclamo al viento la cigarra entona.

La ropa en la percha un fantasma evoca,
de un amor que ha muerto de ansiedad idiota,
se van los sonidos, vuelan los aromas
y me duermo inquieto, adorando sombras.


Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Pablo Buenfil


Prisionero

Renunciaré al delirio
de mis noches de gloria
y mis fiestas vacías
se volverán historia.

Historia que se esfuma
en los humos del tiempo,
de amores que se fueron
sin dejar sufrimiento.

Renunciaré a mi vuelo
por donde vaga el viento
pues ya encontré una cárcel
para mi pensamiento.

Te ofreceré mis alas,
anidaré en tu pelo
y aguardaré tus ansias
de remontarme al cielo.

Serás prisión abierta
a nuevos horizontes,
caminaré tus montes
atado a tus caderas.

Aceptaré esta guerra
sin proferir lamento
y seré el prisionero
más feliz de la tierra.

Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Angélica Balado.


Tímida caricia

Tímida caricia niña
surgida de no sé donde,
tímida caricia niña
que sólo trajo un por qué.
Déjame la incertidumbre
de negarme tus razones
pero conserva tus flores
prodigándome en tu piel.

Cuando te miro y te tengo
cuando te arranco un suspiro,
surge en mi adentro un lamento
y en mi esperanza un gemido,
y es que me muerde la duda
de por qué adornas mis años.
Y en mi páramo floreces
destellos, pero hace daño.

Tímida caricia niña
si un día te duele mi nombre,
vete de mí, no sé a dónde,
y no me digas motivos.
Sin más razones ni cuando
sin mayor caso al destino
mi alma y piel se irán secando
al ver que tú, has partido.

Surge en mi adentro un lamento
y en mi esperanza un gemido,
y es que me muerde la duda
de por qué adornas mis años.
Y en mi páramo floreces
destellos, pero hace daño.

Ramón Alberto Triay Pedrero
Música: Willy Burgos.

Poemas de Ramón Triay Pedrero

No me reproches

No me reproches nada hijo mío
es de humanos errar, quizás comprendas
que mi intención fue buena, y sin reservas
yo quise ante todo ser tu amigo.

Si eres hombre de bien, estoy servido,
y aunque tengas errores, doy por hecho
que tu fragilidad humana y tus defectos
siempre serán reflejo de los míos.

Pues la vida es así, ayer creía
que sería como padre lo perfecto
y hoy que miro en tu rostro esos defectos
tal vez aprenda a corregir los míos.

Claro que no estás bien y no te apruebo,
tal vez comprenda mejor que ayer, estoy seguro
que nuestra perfección es frágil muro
que se derrumba sin haber tormenta.

Sin embargo, hijo mío, ve hacia adelante
y pon empeño en corregir el rumbo,
y no salgas con pretexto alguno…como
-si tan solo soy hijo de mi padre- .

Trata de ser mejor, mejor que nadie,
trata de ser modelo de firmeza,
de honestidad, de respeto y fortaleza
¡Y sé mejor que yo….cuando seas padre!.

Ramón Alberto Triay Pedrero


Padre

Más te aprendí en el invierno
cuando blanqueaban tus sienes,
y ahora, que tú ya no tienes
la fortaleza del roble
con esa mirada noble
me has podido enseñar.

Y yo he podido sentir
que cuando me reprendías
no era solo porque sí,
sino porque me querías.

Ahora que yo he sido padre,
que tengo por quien luchar…
hecho la mirada atrás
y al mirarte como antaño
agradezco tus regaños,
padre, gracias
padre, gracias de verdad.

Ramón Alberto Triay Pedrero


Tardes en mi barrio

Tardes de mi ayer lejano
que hoy regresan con los años,
con el ánimo maduro
mirando a mi descendencia
hacer cabriolas en mi espacio
sembrado de olor a hierba.

Tardes de mi viejo barrio
que hacen desandar el tiempo,
sumergiéndome en las risas
de pelotas y paletas,
risas pintadas de pasto
y escarchadas con arena.

Los palomeros del barrio
decorando las aceras
con sus vitrinas de nieve
que cruje, rebota y truena,
mientras cantan los columpios
con su carga de almas nuevas.

Tardes que parecen tardes
contadas por un abuelo,
envueltas en la nostalgia
familiar de cada feria
al compás del esforzado
ritmo del organillero.

Tardes de ayer y mañana,
sólo tardes, tardes nuevas
tardes que hacen ver mi tarde
cual amanecer cualquiera,
y mientras más se hace tarde,
mi tarde, se hace más bella.

Ramón Alberto Triay Pedrero


La diaria aventura de quererte

Sigo sin conocerte y que dichoso
me siento pues después de tantos años
de palabras de amor o de regaños
descubro diario en ti, mi amor, mi gozo.

Inventas para mí un idioma nuevo
caricias que no hubiera imaginado
me riñes, me reprochas y tu enfado
es picardía de amor que enciende fuego.

Sigo sin conocerte y qué felices
hemos sido los dos por tantos años
de vivir un amor sin desengaños
que pudiera dejarnos cicatrices.

Sigo sin conocerte y he aprendido
que no es lo mismo amarte que tenerte,
y en la aventura diaria de quererte
te habré amado, sin haberte conocido.


Ramón Alberto Triay Pedrero


Poemas de Ramón Triay Pedrero

De pronto la vida

De pronto era distinto
mi paso por las calles,
de pronto los detalles
se hicieron importantes.

De pronto ya no estaban
los sueños de mi lado,
de pronto se habían marchado
hacia quien sabe dónde.

De pronto entré a la vida
por la puerta del frente,
se hicieron diferentes
las horas, al crecer.

Las caricias de antaño
se cambiaron de manos
y se hicieron extraños
mis juegos del ayer.

De pronto vino el miedo
vestido de futuro
y con el miedo, el mundo
y un pase para él.

Sin compás ni sextante
para llegar al puerto
ni pauta en el concierto
del diario acontecer.

Así de pronto vino
la vida que esperaba
y yo, sin saber nada
desde siempre la amé.


Ramón Alberto Triay Pedrero


Dime


Dime ¿cuál es tu bandera?
De qué planeta has venido
a ver si encuentro el motivo
de tu singular manera.

Si para ti el horizonte
no es cuna y tumba del día,
si para ti el arco iris
solo es refracción del sol.

Si las nubes son vapor
que por nada adornan el cielo,
si tu luna es piedra muerta
sin luz propia ni calor.

¿Dime cuál es el motor
Que te mantiene en marcha?
Dime mujer, ¿Hielo? ¿Escarcha?
¿Quién te quitó el corazón?

Ramón Alberto Triay Pedrero


Mayo en mi ciudad

Mayo en mi ciudad es vida
Mayo en mi ciudad es fuego,
es nostalgia por la playa,
es, jardines en renuevo.

Copas de oro que deslumbran
flamboyanes que marean,
es canto de mirlo macho
reclamando a su pareja.

Derrame de bougambilias
sobre los muros de piedra
escarlata, amarillo y guinda
abrazados a una reja.

Mayo en mi ciudad es, ganas
de fundirse en sus colores,
de beberse las mañanas
y de vestirse de flores.

Hojas secas por la tarde
zarandeadas por el viento
y el horizonte que arde
de un sol que se oculta lento.

Es la inocencia de blanco
que revolotea en la iglesia.
Es mamey, ciruela y mangos
que decoran una mesa.

Mayo en mi ciudad es vida,
Mayo en mi ciudad es fuego,
es cicatriz de una herida
y es clamor de un amor nuevo.

Ramón Alberto Triay Pedrero.


Mi rincón

Es mi rincón preferido
el más polvoso de la casa
lleno de juguetes rotos
y de muñecas sin cara,
lleno de amarillas fotos,
lleno de vida cansada.

Ese rincón tan querido
guarda pedazos de historia,
ahí mi padre adolescente
en extraña indumentaria,
ahí la sonrisa radiante
de mamá en traje de novia.

Es, como mi propia historia
vivida por alguien más,
es como mirar atrás
y descubrir que otra cara
tiene la misma mirada
que hoy me mira en el espejo.

Son pedazos de nostalgia,
es encontrar un clavel
dormido en un libro viejo
con un eterno motivo
para refugiarme en él.

Mi rincón es cosa grata
con su perfume a vejez,
es el testimonio fiel
de la diaria caminata.

Por él, sé de dónde vine,
y sabrán que existí….por él.

Ramón Alberto Triay Pedrero.


Tu regreso, peregrina.

Ha regresado a casa la peregrina
vino anunciando el sol de primavera,
entre todas las aves, fue la primera.

Su nostalgia viajera de golondrina
vuelve a pintar la tarde de mil colores
contándole a la vida de sus amores.

Cuéntame peregrina,
di si hallaste otro amor por esos confines
¡Si te quisieron tanto!

Cuéntame peregrina,
si fue mejor tu invierno que mis abriles,
¡Si extrañaste mi canto!

Si las próximas nieves de mí te alejan
volaré en pos del cielo que te reclama
te robaré tu embrujo de golondrina,
me beberé tu sol, cada mañana,
¡Y volaré contigo a donde vayas!.

Ramón Alberto Triay Pedrero


Nana, cántame “la nana”

Mujer, de mi madre amiga,
no sé de dónde viniste
a compartir sus angustias;
Mujer, de mi madre calca,
que acariciándome el alma
te volviste parte mía;
Por ti fui tan rico un día
que dos madres a la vez
no cualquiera las tenía.

Nana, cántame la nana,
quiero ser niño otra vez
tomar tus ásperas manos;
Nana de todos mis cuentos
sangre ajena y alma propia,
Nana de mis alegrías
cántame otra vez nana.

Voy a ponerte un altar
muy cerquita de mi madre
nana de mis fantasías
nana de aquellos mis días.

Quiero volver a escuchar
mil historias de duendes,
nana, cuéntame nana
¡Quiero ser niño otra vez!

Hoy quiero contar a mis hijos
esa riqueza que un día
fue parte de mi niñez,
haber comenzado el camino
de un lado, ¡mi madre!
Y del otro, ¡tú!.

Ramón Alberto Triay Pedrero


EL VINO

¿Qué cómo se toma el vino?...
¡Cuánta gente lo pregunta!
¿Qué cómo se toma el vino?...
que si la gente supiera
que mientras se tome el vino
nada le puede pasar,
pero, ¡que jamás te tome el vino!
Que ahí, sí puedes tropezar.

Que tú te tomes al vino
y que no te tome a ti,
que si esta regla te impones
por más que tú te lo tomes
jamás serás infeliz.

El vino te dará amigos
te dará miles de cosas,
pero, ¡que jamás te tome el vino!
Que entonces, será otra cosa.

El vino es plácido lecho
donde el descanso es sereno,
donde se puede soñar,
pero tú lo has de tomar
más si el vino es quien te toma
entonces será un infierno
y no podrás descansar.

El vino es buen compañero
en una mesa completa
pero es un gran traicionero
si destroza la etiqueta.
Y para hacer el amor
no existe cosa mejor
si conoces la medida,
Pero si esta está perdida
pobre de aquel que tomó.

Por eso es que, al vino, amigo,
hay que saberlo tomar
para que puedas gozar
de amor, vino y otras cosas.

Ramón Alberto Triay Pedrero

Poemas de Ramón Triay Pedrero

Quiero ser viento


Y poblaré el universo
cuando llegue mi momento,
daré al amor movimiento,
y a cada mundo cantaré un verso.

A mis hermanos del Cielo
diré mi sueño, diré mi anhelo,
¡quiero conocer al dueño
de mis espacios, de mis momentos!

Y en cada instante en mi locura
vivo la duda de estar consciente,
y aunque aferro mi cuerpo a la tierra
van mis impulsos a las alturas.

¡Quiero ser éter, quiero ser viento!
¡Quiero ser luz en el firmamento!



Ramón Alberto Triay Pedrero.



Mientras sale la luna


Mientras sale la luna
se confunden las sombras
y tu cuerpo y el mío
ya no quieren ser dos.

Se vuelven solo uno
envuelto en la penumbra
que transpira la esencia
de perfumes de amor.

Mientras sale la luna
se olvida la mentira
me confiesas tus ansias
y descubres las mías.

Es más fácil mirarnos
sin sentirnos culpables
es más fácil callarnos
y beber del amor.

Por eso cuando es hora
que se tienda el ocaso
me apresuro al encuentro
de tus cálidos brazos.

Y en ese breve espacio
en que el tiempo no cuenta
me regalo a tus horas
y se olvida el dolor.

Para vivir entonces
mi verdad en la bruma
mi brevedad eterna
mientras sale la luna.



Ramón Alberto Triay Pedrero



El silencio


Cómo duele el silencio
cuando me deja solo
con pecados añejos;
cómo duele el silencio
cuando a solas me encuentro
con mis penas de hoy.

Y no quiero estar solo,
te quiero aquí a mi lado
para decirte todo,
pecado por pecado.
Que tu voz sea el sudario
donde duerma el silencio
y que tus formas llenen
mis espacios abiertos.

Sé que después de todo
viviré redimido
y ya no habrá silencio
que se ensañe conmigo.
Ven, quédate a mi lado
y que tu amor me absuelva,
que tu voz sea el motivo
y el silencio, se pierda.



Ramón Alberto Triay Pedrero


Poema a Mérida
Me gustas de madrugada


Me gustas de madrugada
porque hueles a jazmín,
porque antes de la alborada
toda tú eres un jardín.

Tu calma parece eterna
tu silencio en mi sentir
se vuelve frase callada
y temo verte vivir.

Sé que al despuntar el alba
volverás a ser aquella
atareada, aunque muy bella
ya no podrás ser de mí.

Serás de toda tu gente
y hablarás en voz tan fuerte
que perderás el encanto
de aquella bella durmiente.

Yo te prefiero dormida
porque sé que mi canción
y las notas de mi lira
sólo te hablarán de amor.

Y tú, guiñaras luceros
y me dirás con la brisa
que me quieres cual te quiero,
y tu paz será mi paz,
tu sonrisa mi sonrisa
y cobijado en tu cielo
gritaré a los cuatro vientos:

¡Mérida novia querida
de madrugada te quiero!


Ramón Alberto Triay Pedrero



Dame un sueño.

Dame un sueño y te daré una vida
una vida de felicidad.
Porque la vida nace de sueños
porque lo sueños son ilusión,
las ilusiones son esperanza
son los anhelos del corazón.

Dame un sueño y te daré una vida
una vida de felicidad.
Porque el que sueña, en el alma lleva
todas las notas de una canción,
almas que cantan, almas que sueñan,
almas que saben qué es el amor.

Has castillos en el aire
pinta un mundo de ilusión
pon la fe detrás de un sueño
y tendrás un mundo mejor.


Ramón Alberto Triay Pedrero


Eternamente

Sé Señor que estás ahí,
aunque en mi mente
no hay rostro que yo sienta
que es de ti.

¡Sé Señor que estás ahí!
Que ahí estás eternamente.

Que ahí estás con la medida
de cada eterno segundo,
dejando girar al mundo,
dejando hacer a la gente.

Mirando cómo destruye
cada gota de rocío
y cada brizna de nieve,
¡Sé Señor que estás ahí!

Por cada trino de abril
por cada luz en tu cielo
por cada segundo eterno,
¡Sé Señor que estás ahí!
¡Que ahí estás, eternamente!

Ramón Alberto Triay Pedrero


El trovador

¿Ya no recuerdas amigo de este pobre trovador?
Yo, sin embargo, me acuerdo de cada frase de amor
cuando apoyado al balcón de tu adolescente amada
con mi guitarra le daba el palpitar de tu amor.

¡Ya no te acuerdas amigo de este pobre trovador!
Pues ya tienes a tu amada y yo al pie de otra ventana
sigo bordando canciones, sigo floreciendo amores,
¡Porque nací trovador!

Ramón Alberto Triay Pedrero


Guitarra compañera

Tu cuerpo de mujer de palo santo,
de añoso huayacán tu único brazo,
coronada de nacar y careyes
serás tú, guitarra compañera,
testigo principal de mis quereres
de mis conquistas y de mis fracasos.

Y serás como un arma entre mis brazos
si hemos de defender lo que nos queda
de la bohemia el canto y la romanza.
El fin de nuestra trova no ha llegado
aquí estás guitarra compañera
¡Entonemos un canto de esperanza!


Juanita ternura

“Mariposas, crisantemos y gardenias
para regalarle a la persona amada”,
con cantarina voz va pregonando
Juanita ternura en oloroso andrajo.

Su sonrisa niña, su pregón ya viejo
y el viento que juega su enredado pelo.
En cuanto anochece, como por encanto,
Juanita, sus flores y sus pies descalzos
van por la calzada perfumando el viento.

Así cada noche, cada madrugada,
la frágil figura de solo diez años
se baña de luna entre Ramonales
que adornan las calles de mi viejo barrio.

Se asoma a la vida detrás de sus flores,
y sabe de amores y de amores sabe,
los que viven ocultos entre callejones
y de otros que brillan derrochando soles.

Cuando el sueño llega junto con el día
Juanita ternura, Juanita alegría,
cuenta sus monedas y se va cantando.
Debe haber un Cielo que la está esperando
para cobijarla mientras pasa el día…
¡Juanita ternura, Juanita alegría!


Mi última serenata

Se olvidarán , como se olvida todo
aquellas notas de sutil encanto
que al desgranarse en pos de una ventana
lo mismo eran ofrenda, que reclamo.

Se olvidarán, y dejarán nostalgias
de otra forma de amar, la más hermosa,
cuando un guiño, una sonrisa y una rosa
eran la sal y el pan de nuestras almas.

Cuando sienta que el final se acerca,
mi última serenata entre tus brumas
será más que una ofrenda a tus laureles
tus golondrinas y tus tibias lunas.

Será más que un canto a tus mujeres
o a tus bellas y fugaces peregrinas,
mi última serenata será entonces
una oración por ti, Mérida mía.



Ramón Alberto Triay Pedrero

domingo, 24 de febrero de 2013

Fragmento de Elogio de Una Vida Sencilla. José Ma. Pemán

He resuelto despreciar
toda ambición desmedida
y no pedirle a la vida,
lo que no me pueda dar.
He resuelto no correr
tras un bien que no me calma,
llevo un tesoro en el alma
y no lo quiero perder.
Y lo guardo porque espero
que he de morir,confiando,
en que se lo llevo entero
al Señor que me lo ha dado.
Ni voy de la gloria en pos,
ni torpe ambición me afana,
y al nacer cada mañana
tan solo le pido a Dios:
Casa limpia en que albergar,
pan tierno para comer,
un libro para leer
y un Cristo para rezar.
Que, el que se esfuerza y se agita
nada encuentra que le llene,
Y el que menos necesita
¡tiene más, que el que más tiene!

FRAGMENTO DE ELOGIO DE UNA VIDA SENCILLA.... José María Pemán (José María Pemán y Pemartín; Cádiz, 1898-1981) Novelista, poeta, dramaturgo, guionista y ensayista español. Cultivador de todos los géneros literarios, destacó por su teatro poético y sus comedias de ambiente andaluz. Su tradicionalismo religioso y sus convicciones monárquicas lo convirtieron en representante de los sectores conservadores, especialmente tras la publicación del Poema de la Bestia y el Ángel (1938), donde cantó con triunfalismo épico la rebelión franquista. Creció en el seno de una familia acomodada, y comenzó su dilatada andadura literaria durante la Segunda República. José María Pemán, que años más tarde pasaría a ser una de las figuras míticas del régimen franquista, se dio a conocer con una serie de artículos incendiarios publicados en el rotativo madrileño ABC, desde donde llamaba con vehemencia a la insurrección militar contra la legalidad republicana. Los sectores más reaccionarios del país lo convirtieron en su adalid, y fomentaron una penosa polémica entre el escritor gaditano y Ramón Pérez de Ayala. Al finalizar la guerra civil, fue nombrado director de la Real Academia Española, cargo al que renunció pocos años después. Pemán, entonces, se dedicó por completo a la actividad literaria. Colaboró con asiduidad en prensa, y redactó comedias costumbristas y de corte castizo, que fueron representadas en algunos teatros de Madrid. La casa (1946), Callados como muertos (1952), Los tres etcéteras de Don Simón (1958) y La viudita naviera (1960) son algunas de las obras más exitosas del literato.

sábado, 16 de febrero de 2013

LA CAÍDA DE LAS HOJAS. MARCOS RAFAEL BLANCO BELMONTE



¡Matrimonio feliz! miran dichosos
Correr por el jardín a sus dos hijos,
Son de plata sus risas infantiles
Y son de oro sus rizos
Que vuelan agitados por los aires.

Descansan, luego un grito provocador
Y el juego se reanuda
Con más entusiasmo y más ahínco.
Algunas veces el uno en brazos del otro cae.
¡Cómo se quieren los dos niños!

Ella es fresca, robusta y apiñonada,
él, es un tanto pálido y raquítico,
pero ambos son iguales en amarse,
iguales en su eterno regocijo,
iguales en bondad y hermosura,
iguales en espíritu.

Una mañana, cuando alegres ambos correteaban,
fueron sorprendidos por una extraña visita,
era un lejano tío, médico de gran fama,
que al llamado del padre fue solícito,
porque le despertaban sobresaltos,
la delicada complexión del niño.

El médico lo toma entre sus brazos,
lo examina, lo ausculta
y sus carrillos besando con ternura
lo autoriza a continuar el juego interrumpido.

Jugaban a ocultarse,
la hermanita había hecho en la alcoba su escondrijo
y en tanto su hermanito la buscaba,
ella escuchó el pronóstico del tío.

-Amarga es la verdad
y me lastima tener que decirla,
pero es preciso,
este dulce calor de primavera
defiende su organismo,
le hace bien el aroma de las flores
y de los ramajes el oxígeno,
¡Ah! pero a la caída de las hojas
cuando esos tilos
la calzada alfombren de hojas secas,
tened resignación, morirá el niño!

Pasó la jubilosa primavera,
pasó el fecundo y caluroso estío,
a las primeras rachas otoñales
aquel ser enfermizo
demostró que el doctor no se engañaba,
fue perdiendo los bríos para jugar,
mostrando desaliento,
al comer era nulo su apetito,
y una triste mañana
ya su lecho abandonar no quiso.

Los padres permanecen largas horas
contemplando a su pálido enfermito,
que es el ser de su ser,
que es toda su alma.
¿Toda? ¿Y la niña?

El otro ser querido
que adora con pasión al dulce hermano,
¿Qué es de su alma de niña, lo más íntimo?

A este recuerdo se preguntaron ambos
¿Dónde está la niña? ¿Dónde se ha ido?
Y no acude a las voces del enfermo
que la extraña y la llama casi a gritos.

Va la madre en su busca
y la encuentra vagando en el jardín
bajo los tilos,
en los troncos apoya una escalera,
y con el rostro abatido, pero con el paso firme
sube y baja de ella,
lleva un hilo en la mano derecha y una aguja
y con afán solícito, va ensartando las hojas
que del otoño al ósculo han caído,
y los vuelve a ensartar en los ramajes.

Desde que amaneció venciendo el frío,
se entregó a su labor,
el jardinero que asombrado la vio,
nada le dijo,
pero la madre al verle le pregunta:
-¿Qué hace mi bien querido?
y la niña angustiada le responde:
-Oí lo que una vez dijo mi tío,
ya empieza la caída de las hojas..
ayúdame mamá, yo te lo pido,
¡que no se alfombre de hojas la calzada
para que no se muera mi hermanito!